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| La Diana |
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| Yo tendría unos 13 años, edad en que todo niño comienza a dejar de serlo, con algunos amigos ya realizábamos algunas “Pajas” en conjunto, o sea, nos juntábamos y nos hacíamos la paja, además, las fantasías alocadas que pasaban por mi cabeza, hacían que mas de una vez en la noche me despertaba al palo y terminaba bajando la temperatura masturbándome. En la casa había una perra Doverman, de buen tamaño, y bastante mansa que era mi acompañante a cada aventura alocada de correr por el fondo, esconderme en medio de los bananales, etc; hasta que un día como todo fin de semana que me tocaba bañar a Diana, note que su vulva se encontraba hinchada, despacio y mientras la enjabonaba, comencé a tocar con la punta de mis dedos su raja, notando que la perra se acomodaba hacia atrás como buscando que la penetren. No me hice rogar mucho y perdí uno de mis dedos en su concha, notando que se ajustaba, pero que la perra comenzaba con impulsos como tratando de que la penetrase aun mas, termine de bañarla muy al palo y deje la cosa para mas tarde. Por la siesta me dirigí al bananal, con Diana a mi lado, allí me coloque detrás de ella y previo ensalivar mi dedo la comencé a pajear, me di cuenta que le gustaba, a su vez saque mi pija y comencé a masturbarme, estaba en eso cuando la perra ladeándose comenzó a lamerme la pija, eso me produjo una serie de sensaciones unicas y casi en el momento me corrí. Deje pasar el día y nuevamente a la otra siesta volví al bananal, ya al ir para allí con Diana me encontraba al palo, comenzamos con lo mismo yo la pajeaba y ella me lamía la pija, estábamos en eso cuando se me ocurrió probar de colocarle la pija en su concha, recordé que esa perra nunca había salido de la casa, o sea nunca fue penetrada, me coloque detrás, al ser una perra grande, mi pija quedaba casi a la altura de su concha, coloque la puna pero se escapaba hacia arriba por la forma que la perra pujaba hacia atrás, con bastante trabajo la sujete, ensalive bien mi pija y comencé a empujar, creo que entro la cabeza y sentía como se abría, a su vez su concha se ajustaba a mi pija, empecé a empujar ya que se había quedado quieta, sentía que había algo que hacia tope y no dejaba que la penetre totalmente, me ponía loco y empecé a empujar sujetándola cada vez mas violentamente, de pronto sentí que cedía y mi pija de desparramo dentro de ella, que lanzo una serie de aullidos me parecían de dolor, de allá en mas comencé a bombear y veía como mi pija se perdía completa en su concha, me quede quieto para no correrme, y entonces note algo que ninguna mujer me hizo sentir, toda su concha palpitaba como ordeñando a mí pija, era una sensación increíble, que lamentablemente nuestras mujeres no pueden reproducir, en eso las perras son únicas, pero volviendo al tema, no pude contenerme y le inunde la concha de leche, Diana solo se dio vuelta, se lamió, me lamió la pija y muy contenta se hecho a mis pies. Los dos acabábamos de dejar de ser vírgenes. Por muchos años, ya cogiendo con mujeres, una ves a la semana,
Diana seguía siendo mi perra, la penetraba, y también aprendí
que en esos casos la vulva de la perra se mantiene elástica permitiendo
la penetración aunque no se encuentre alzada.
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