Hola a todos! Aqui Lorena nuevamente, este relato es una experiencia que
tuve hace unos años, espero les guste. Gracias a todas las chicas por
escribirme y a los chicos de sexycuentos por publicar mis relatos. Los
quiero a todos!!
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Fue una tarde como muchas otras que pase aburrida delante del ordenador,
empecé a leer algunos de los relatos que tenia guardados (lógicamente bajo
una contraseña) y empecé a leer. De repente no aguanté más. Deje el
ordenador con un texto a medio leer cuando me fui a mi habitación llamando a
Andy (mi perro pastor alemán) para que me siguiera. El, obediente como es,
apareció al momento. Yo estaba de pie parada y un poco con la sensación de
estar en otro mundo mirando al animal que tenia delante pensando en lo que
estaba a punto de hacer. Me senté en la alfombra y lo acaricié un poquito.
Poco a poco las caricias fueron dirigiéndose poco a poco hacia su miembro
hasta que llegue a el. Lo toque y me quede a observar la reacción de mi
perro ante esa caricia en esa zona tan intima, pero para mi sorpresa el
perro ni se inmutó. Seguí acariciando aquella masa de carne que estaba
completamente envuelta en una funda de piel completamente peluda. Observe
que el perro se relamía de vez en cuando mirando hacia su pene como si le
interesase mucho aquello. Todo eso fue interpretado por mí como claros
síntomas de excitación del animal, aunque probablemente fuesen gestos
malinterpretados por mí en ese momento de excitadísima mente.
El pene de Andy empezó a crecer poco a poco, primero note como se ponía mas
dura aún dentro de su peluda funda, pero poco a poco empezó a salir el pene
de un color súper rojizo y empezó a aumentar también su grosor. En ese
momento Andy se retiró a una esquina, se tumbó y comenzó a lamerse el trozo
de pene que salía de la piel. Yo fui al rato ras él y ahora con el perro
echando continúe acariciándolo pero esta vez con movimientos más
característicos de la masturbación masculina. El pene crecía y crecía y
observé atónita como crecía también una bola en la base de su miembro. No
era algo nuevo para mí aquello, pues sabia ya por los relatos que a los
perros les salía una bola o bulbo o como se llame esa cosa, pero nunca me
hubiera imaginado que alcanzase ese descomunal tamaño. Me canse muchísimo el
brazo masturbando a Andy pero no por eso pare de hacerlo. En un rápido
movimiento Andy se levanto, yo notaba que debía faltar poco. Mis movimientos
eran ya muy cortos ya que me limitaba “menear” la parte de pene que quedaba
detrás del bulbo. De repente Andy eyaculó. Eyaculo esperma en muchísimas
ráfagas, una seguida de la otra aunque poca cantidad en cada impulso. No era
tanta la cantidad como yo me hubiera esperado después de leer los relatos de
Internet, pero bastó para ensuciarme parte de la alfombra y inundar mi
habitación de un olor fortísimo a esperma de perro. Andy estaba contento,
pero yo aún estaba excitadísima y acabe por masturbarme justo después.
Eso fue mi primer contacto directo con la zoofilia, pero claro esta que no
se quedó ahí. En la semana después de eso no hice nada, me bastaba de
momento aquello que hice y no sentía la necesidad de repetir hasta que volví
a quedarme una tarde sola en casa por la tarde y recordé la experiencia
vivida. En las siguientes ocasiones quise probar la penetración, ser poseída
por Andy, cosa que me daba mucho miedo pero la curiosidad y la excitación
pudieron con el temor. Lo difícil fue hacer que me montara, evidentemente no
era verdad que automáticamente un perro montara a una hembra humana desnuda
por muchos flujos que derramara. Tuve que conformarme muchas veces durante
mas o menos un mes con masturbarle después de una larga sesión de intentos
por que Andy me montase como a una perra. Lo que si quería intentar al menos
era chuparle su seguramente apetitoso pene rojo pero como no me atrevía a
hacerlo en contacto directo intente ponerle un condón, cosa que no conseguí
y aún hoy no he logrado. Así que añadí una decepción mas al bote, pero todo
cambió cuando en una noche en la que mis padres se habían ido a una fiesta y
no iban a regresar hasta muy tarde volví a intentarlo, pero esta vez con mas
persistencia que ninguna vez. Me imaginaba que era una perra en celo y le
enseñaba el culo mientras caminaba delante de el desnuda a cuatro patas.
Tardó poco a partir de ahí hasta que comenzara a lamerme los jugos vaginales
y yo gozaba con tales lametazos. No he encontrado ni creo que encuentre algo
que se parezca a un lametazo de un perro en el culo. A cada lamido Andy
estimulaba toda mi vagina y ano con una lengua potente y deliciosa.
Repentinamente me intentó montar. Fallo en su intento de acertar en la
entrada de mi vagina pero yo le ayude a encontrarla. La sensación que viene
a continuación es casi indescriptible. ¡Tenía el superpene de mi perro Andy
dentro de mi! ¡Estaba siendo tomada por un perro!.
Notaba como crecía su pene en mi interior y como casi me quemaba la vagina
de lo caliente que la tenia. Andy me hacia mucho daño con las uñas de sus
patas delanteras que por otra parte me tenían fuertemente cogidas por la
cintura. Decidí cortar durante un momento aquella relación para ponerle
calcetines en las patas delanteras como había leído alguna vez en algunos
relatos, pero al intentar quitármelo de encima Andy gruñó e intento morderme
en la espalda para que no me escapara. Era un momento muy critico que por
muy morboso que pueda resultar, me izo tener bastante miedo. Ahí estaba,
desnuda sola en mi casa a cuatro patas con un perro montándome con un pene
dentro de mí de un tamaño descomunal y claro esta, con la bola o bulbo
dentro de mí ejerciendo una tremenda presión sobre la entrada de mi vagina.
Encima tenia algunos rasguños a causa de las patas de Andy los cuales ya
comenzaban a estar rojizos a causa de la sangre superficial que comenzaba a
salir, y para colmo mi perro ya no era mi perro, era una bestia fuera de
control que no dudaría en morderme en caso de que intentase huir. Lo pase
realmente mal en esos momentos y maldecía aquel día en el que encontré por
primera vez un relato zoofilico en un cajón de la habitación de mi hermano
mientas notaba las potentes embestidas de Andy que me hacía suya detrás de
mí. De repente noté su explosión por así decirlo, note como se vaciaba
dentro de mí de una manera interminable. Ahora si que empecé a creer que era
posible que un perro expulsara una exagerada cantidad de esperma en una sola
eyaculación.
Poco después de eso el perro paró por un instante y note como pasaba su pata
trasera izquierda por encima de mi espalda y quedamos pegados culo con culo.
Así pasaron los minutos, y su pene no disminuía de tamaño. Para colmo mas o
menos 10 minutos después sonó el teléfono que lógicamente no cogí. Durante
ese periodo de estar enganchados, y sólo durante ese periodo, comencé a
sentir placer en aumento. Me había acostumbrado a la situación, y además
Andy ya no era tan agresivo como antes. Me meneé un poco hacia delante y
hacia atrás para intentar lograr mayor placer, pero su pene no se movía ya
que estaba bien sujeto dentro de mí gracias al bulbo. Así me quede abotonada
a Andy así como 45 minutos en los que hasta llegue a conseguir un orgasmo y
pasado ese tiempo salió sin mas problemas la superverga de Andy que para mi
espectacular asombro era un pedazo enorme. Quizás solo era un poco más
grande que el de un humano, pero era muchísimas veces más gorda que la
humana. Me sentía agotada después de eso, me quede tirada en el suelo casi
sin fuerzas mientas salía de mi vagina una importante cantidad de esperma
mezclado con mi propio flujo vaginal.