| La primavera pasada tuve que utilizar el autobús para volver a casa porque
mi coche estaba en l taller. Los estudiantes de mi instituto ya habían
vuelto a sus casas después de un día de estudio ya que empezaba a anochecer
y las clases habían terminado horas antes. La verdad es que no todos los
alumnos estaban en sus casas porque el vehículo estaba lleno de jóvenes.Tuve que estarme de pie puesto que todos los asientos estaban ocupados a
pesar de que mi parada era la última de la línea. A los pocos minutos, en la
segunda parada que hizo el autobús entró una joven rubia muy bella. Bestía
una minifalda rosa pastel y un top del mismo color. Era delgada pero con
unas curvas muy lindas; unos pechos redonditos y pequeños, y un trasero
respingón, firme y con una forma parecida a una suculenta y dulce cereza. Al
entrar su larga melena rubia de deslizó suavemente como si de un anuncio de
champú se tratase, mostrando su carita angelical. Tenía unos ojos azules muy
claros y grandes, una nariz más bien afilada y unos labios rojizos que
dibujaban una sonrisa perfecta. Mi alegría creció cuando se acercó hacia
dónde estaba yo. Al verme me sonrió y le devolví la sonrisa a pesar de no
creer conocerla. Se colocó de espaldas a mí y estube unos minutos
contemplándole el trasero con deseo pero con disimulo. La suerte estubo de
mi parte cuando después de un frenazo del conductor ella se balanceó hacia
mí; la agarré por la cintura para que no cayese y entonces pude oler su
suave y agradable perfume. Aún la tenía agarrada cuando giró la cabeza y
después de otra sonrisa me dio las gracias. En ese momento iba a soltarla
pero ella se arrimó más a mí y con su culito restregó mi entrepierna,
consiguiendo mi sorpresa primero y mi calentura instantes después. Ahora mis
brazos ya la rodeaban completamente acompañando sus suaves movimientos. Poco
a poco fui levantándole la curta falda hasta poder agarrar sin barreras sus
firmes glúteos, eran perfectos. Los pasajeros de nuestro alrededor no
parecían dárse cuanta de nuestros actos pero no creí que pudiese durar
demasiado esta tranquilidad porque nuestra pasión recíamis manos abandonaron
su trasero para poder acariciarle la rajita. Su tanga, que también era rosa
y que ya había visto en parte gracias a la baja faldita, estaba
completamente mojado. Después de frotarselo durante unos segundos aparté el
pequeño trozo de tela para introducir mis dedos en su rajita, sin un solo
pelo. Los dos sudábamos mucho y cada vez temía más por el resto de pasajeros
así que cuando al detenerse el autobús y ver que ella me susurraba que
bajase con ella no lo dudé ni un instante. Al bajar volví a agarrarla por su
trasero y llevándole a mi lado la besé metiendo mi lengua hasta su garganta.
Después de saborear su lengua me dijo su nombre y otro beso largo nos llevó
hasta un callejón cerca de la parada. Entonces me comentó que ese mismo día
había cumplido 18 añitos y que quería que fuese a su casa a pasar la noche.
No la conocía de nada pero al comentarme que no habría nadie y saber que mi
mujer estaría fuera hasta un par de días después acepté. Ella se alegró
mucho y saltó encima de mí, abrazándome mientras ahora era ella quien metía
su lengua hasta ahogarme. Otra sorpresa fue la que me llevé al llegar al
portal de su casa, que por cierto era de un lujo sorprendente.
Inmediatamente después de cerrar la puerta me empujó hasta el sofá que
teníamos más cerca y allí se colocó encima de mí. Mientras me quitaba la
ropa yo aprovechaba para acariciarle todo el cuerpo y comérmela a besos y
lametones. Desnuda aún parecía más bonita de lo que ya me había parecido en
el autobús. Supuse que con algún compañero de clase ya habría tenido
relaciones sexuales porque se desenvolvía con una naturalidad y confianza
abrumadoras. Mi rabo estaba completamente duro y ella lo agarró con mucha
fuerza y lo empezó a masturbar, después de unos segundos así, se lo metió en
su linda rajita y empezó a cabalgar con alegría. Ya estaba a punto de
correrme y ella no paraba de gemir de placer cuando le pedí que se metiera
en la boca el gran palo que tenía en su rajita. Ella sonrió y aceptó
encantada. A los pocos segundos ya estaba lamiendo con fuerza y sin
demasiada espera exploté llenándole la boca de leche y manchando su carita
de niña rica. Aún así ella seguía lamiendo y lamiendo hasta que ya no
pudimos más. Después de unos minutos de descanso me comentó que tenían
yacuzi. Me encantaba la idea de disfrutar de un baño con esa preciosidad así
que allí fuimos y al cabo de unas horas de masajes y de besos le dije que
quería disfrutar de su culito, así que se la metí por detrás y mientras le
agarraba sus pechitos íbamos moviéndonos entre la espuma. A los pocos
minutos la llené otra vez de leche, aunque la cantidad fue menor el placer
no descendió. Finalmente terminamos en la cama de sus padres, ella encima de
mí y aunque no hubo más sexo, seguimos disfrutando hasta la mañana
siguiente, cuando volví a utilizar el autobús junto a ella.
Fabio XXX
f19856920@hotmail.com
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