| Hola, usaré el nombre
de Julián, y la historia que voy a platicarles sucedió hace
cinco años, yo tenía 27 años y era gerente de una
tienda departamental.
Un dia regresé al trabajo después de la hora de la comida,
y observé en el Área de Cajas una nueva empleada que había
contratado el Jefe de Recursos Humanos. Era una chica de mi edad, blanca,
delgada, de un rostro hermoso, una mirada penetrante y un pequeño
mechón blanco en la frente. La llamaré Cindy.
Desde que la ví me sentí profundamente atraído por
su personalidad, y tras una abstinencia de más de dos años
(Me Había dedicado de lleno al trabajo, y aunque en la tienda había
chicas guapas, tenía que guardar las distancias porque las relaciones
amorosas estaban prohibidas en la empresa, y yo como gerente tenía
que poner el ejemplo; es más, despedí a varios empleados
que fueron sorprendidos formando parejas de enamorados), la calentura
me fue dominando y me propuse ligármela.
La invité a comer y ella aceptó. La plática fué
trivial y frívola, pero sirvió para romper el hielo (Yo
era el jefe, y muy estricto por cierto). Poco a poco, ambos fuimos buscando
la oportunidad de estar a solas para conocernos. Ella vivía con
una de sus hermanas mayores, casada ya y con dos hijas. Pero su padre
(Que vivía en otra ciudad) le había dejado a Cindy una casa
fuera de la ciudad.
Hasta ese tiempo no pasábamos de besos y de manitas sudadas, ella
se mostraba muy renuente a mis caricias, hasta pensé que era frígida,
pero como realmente me interesaba estar con ella, seguía haciendo
mi lucha.
El 19 de noviembre, cerré el negocio y me alejé por la oscura
calle. Sofía me esperaba dos cuadras adelante (Recuerden que nadie
debía saber de nuestra relación).
-Vámonos Cindy - Le dije.
-¿me acompañas a mi casa Julián?
- Seguro que sí, pero siempre lo hago ¿Por qué me
lo preguntas?
-Es que no voy a la casa de mi hermana, sino a la mía, la que te
platiqué que me dejó mi papá.
-Claro que sí.
El taxi se encaminó hacia fueras de la ciudad. Llegamos. La calle
era de terracería, las casas estaban dispersas y había muchos
lotes baldíos. Entramos por un callejón y Cindy se dispuso
a abrir un enorme zaguán morado.
La casa era muy rústica y estaba a medio construir. Entramos. En
el interior había muy pocos muebles y ya viejos.
- ¿Me invitas un café flaquita?
-Aquí no hay nada
-Bueno, al menos pon algo de música.
- No
-Entonces voy a prender la tv.
-No tiene antena.
- Caray, entoces....¿Qué vamos a hacer?
Para ese entonces ella se había quitado su abrigo, se había
acomodado en un enorme viejo sofa...
-Ven aquí, conmigo - Me dijo
Caminé lentamente hacia ella, me acomodé a su lado y comencé
a abrazarla y besarla, yo me sentía muy nervioso e instintivamente
baje de besar su boca y su cuello hasta una de sus tetas, por encima de
su playera de uniforme de trabajo. Mi mano comenzó a acariciar
una de su piernitas.
De pronto ella se escabulló de mis brazos - Voy a quitarme el uniforme,
porque sólo me dieron dos y el otro no lo he lavado. -
Se alejó a una de las habitaciones y regresó con un blusón
holgado color verde limón.
Volvió a sentarse a mi lado y nos empezamos a besar nuevamente.
La pasión aumentaba cada vez más, pero yo la llevaba lentamente,
con delicadeza.
Cindy se recostó sobre el sofá, yo me inqué y nos
seguíamos besando. Los besos eran cada vez más fuertes,
más mordelones. Le besé el cuello mientras mis manos acariciaban
sus tetas por encima de la ropa. Luego comencé a desbotonarle el
blusón y la despojé del sostén. Frente a mí
quedó aquel par de hermosas tetas, blancas, pequeñitas,
con sus pezoncitos marrones y ya erectos por la excitación. Me
parecieron las tetas más lindas que había tenido. Comencé
a besárselas, a mordérselas, mientras una de ellas estaba
en mi boca, con mi mano aprisionaba la otra. Ella comenzó a gemir
de placer. Alcé la vista y pude observar que en su bellísimo
rostro se dibujaba una sonrisa desatisfacción, de éxtasis.
Le besé su abdomen, esa pancita blanca y tersa, su ombligito, mientras
mis manos desabrochaban su cinturón y le baja el zipper. Ella estaba
nerviosa pero extasiada.
Terminé por bajarle el pantalón negro que tenía.
Y sólo quedó con su panty color melón de algón
con encaje. Mientras terminaba de quitarle el pantalón mi mano
se posó sobre su vagina y le propició suaves caricias. Cindy
se estremeció y, temblorosa, tomó mi mano con la suya y
la apartó de su vulva. Le besé la mano que me sujetaba y
y acerqué mi boca a su ya mojada rajita.
La empecé a lamer con suavidad por encima de la panty,la cual empecé
a hacer un lado poco a poco hasta tener frente a mí la vulva más
hermosa: Su piel era blanca, suave, su bello púbico era castaño,
rizado, abundante pero bien recortado.
Hundí mi cara entre sus piernas, froté mi barbilla con su
sudoroso monte de venus, mi nariz abrió paso a mi boca por sus
labios vaginales, con la ayuda de mis dedos hallé su clítoris
y empecé a mordisqueárselo. Para ese entonces, ella estaba
totalmente húmeda y gemía de placer.
Sujetó con tremenda fuerza mi cabeza por los cabellos (Pensé
que me los quería arrancar) y me undío aún más
entre sus piernas. La lamí hasta que alcanzó su segundo
orgasmo de la noche.
- Vamos a la habitación - me dijo extasiada, - Por favor mi amor,
quiero ser tuya... ahora.
La tomé en brazos (Era esbelta pero...¡Cómo pesaba!),
y así entramos a una recámara, la deposité sobre
una vieja cama mientras yo me desvestía (Antes, sólo me
había quitado los lentes y la corbata). Cindy no pudo seguir esperando
y ver cómo me desnudaba: Se levantó de la cama y me quitó
con desesperación la camiseta, me abrazó con fuerza, me
mordió las orejas, me besó el cuello, el pecho, me mordió
mis pezones mientras me despojaba del pantalón. Estaba como histérica
de ansiedad.
Mis pantalones cayeron al suelo, nos fuimos sentando a la orilla de la
cama, y su delgada y blanca mano empezó a cariciar mi pene por
encima del calzoncillo. Mi erección era ya incontrolable.
Con un empujón de ella, caí de epaldas sobre la cama, Cindy
me sacó de un tirón el calzoncillo0 y sujetó mi pene
mirándolo fijamente, como analizándolo; con el dedo pulgar
recorrió toda la base del glande y la punta. Yo me sentía
en la gloria.
-¿Qué quieres que te haga? - me preguntó.
- Lo que quieras mi reina
- No, tú dime qué quieres que te haga
-Chúpamela
Empezó a masturbarme con un ritmo semilento, su mano recorría
todo mi pene y mis testículos.
- ¿Te gusta? - me preguntó mirándome a los ojos con
una sonrisa lasciva.
- Me encanta, sigue....por favor
Tímidamente acercó su boca a mi pene y pasó su lengüita
por la punta, llevándose el líquido preseminal que no pude
contener.
- Me encanta tu olor, tu sabor - me dijo, y con suavidad se introdujo
mi pene en su linda boca. Las caricias orales se fueron haciando más
intensas y bruscas, hasta que quise apartarla de mi porque sentí
que me venía.
- No me partes, eyacula en mi boca, quiero sentirte - me dijo.
El chorro de semen brotó con fuerza hasta impregnarle su cara y
sus tetas.
Pero mi miembro seguía firme, rígido. Al verlo así,
Cindy sonrió, y quizó seguir con la sesión, pero
yo me levanté y la empujé hacia la cama
-Ahora me toca a mi - Le dije.
Cindy se tendió de espaldas gustosa y abrió su piernas hasta
donde podía. Me encantaba tener ese hermoso coño en mi boca.
Colocó sus muslos alrededor de mi cabeza mientras mi lengua retozaba
en su vulva de terciopelo. Subí mis manos para acariciar sus pequeñas
tetas mientras mi lengua iba desde su monte de venus hasta su anito. Ella
vibraba de placer. Fuí subiendo hasta sus tetas para acariciárselas
y besárselas, pero su ansiedad me había contagiado. Ahora
se las acariciaba y se las mordía con furia, con desesperación.
mientras mordisqueaba una mi mano apretaba la otra con fuerza. Mis manos
se quedaron arriba pero mi boca bajó nuevamente para lamerla con
furia, como queriendo comérmela. condy se arqueba se placer, gemía,
balbuceaba no sé que cosas. Estaba toda mojada.
- Ya no aguanto más, penétrame, métemela toda- Dijo
casi suplicando.
Ella estaba frente a mi de espaldas a la cama. La tomé por sus
blancas, delgadas y suaves piernas y la jálé hasta la orilla
de la cama. Le levanté sus piernas abiertas, quedando su linda
raja totalmente expuesta frente a mi. Yo de pie, la sujeté de los
tobillos, y froté la cabeza de mi pene en sus rosados e hinchados
labios vaginales.
- Me estás haciendo temblar - me dijo ella, mientras cerraba los
ojos y se mordía los labios. ¡Realmente estaba temblando!.
Lentamente la penetré. Ella gimió de placer, ahogó
un grito cuando sintió toda mi virilidad dentro de ella. El mete
y saca se fue haciendo intenso, ella se mordía los labios y sudaba.
- Quiero montarme - me susurró quedamente. Así que me tumbé
en la cama y ella me montó quedando en cuclilllas y de espaldas
a mí. Con una mano me agarró el miembro y se lo colocó
en la entrada de su vagina, se frotó suavemente, y de un impresionante
sentó se lo comió todo. Yo grité de placer. Mis manos
la sujetaron de las nalgas para ayudarla en sus movimientos de arriba
abajo, y de ahí la sujetaba del cuello, la jalaba hacia mi y le
apretaba con fuerza sus pequeñas tetitas. En el silencio de la
noche sólo se escuchaban nuestros gemidos y el golpeteo de mis
testículos en su traserito. Por enésima vez, Cindy alcanzó
un orgasmo más, yo no pude contenerme y eyaculé dentro de
ella. Ambos gritamos de placer, mi semen le ecurría por su aterciopelada
vulva y ella se lo untó por toda la entrepierna , por el ombligo
y hasta sus tetas.
Quedamos exhaustos. Era de madrugada. Luego de un receso la penetré
nuevamente. El amanecer nos sorprendió haciendo de todo.
Esas noches de pasión y lujuria en la casa abandonada se repitiron
infinidad de veces.
Mese después Cindy se renunció al trabajo porque se fué
a vivir a otra ciudad. Nunca más la volví a ver. Pero es
la mujer que he aamado toda la vida y con la que he tenido el mejor sexo
de mi vida, el más tierno y el más salvaje a la vez, el
más inocente y el más lujurioso. Una relación de
contrastes. Así era mi Cindy.
Para volver a SEXYCUENTOS,
haga click aquí |