| Hola. Soy yo, Julián.
Ya les he platicado de mi relación explosiva con Cindy, y del último
día que pasamos juntos. Ella se marchó, jamás volvimos
a vernos, no volví a saber nada de ella. La extrañaba.
Les recuerdo que yo era gerente de una tienda departamental. Había
una cajera eficiente, y como hacía falta una auxiliar de tesorería,
la promovimos. Se llamaba Claudia, alta, delgada, de piel apiñonada,
de cabello largo, rubio y risado. Tenía 21 años, yo me acercaba
a los 30. Solía coquetearme cuando nos encontrábamos de
frente y nos saludábamos, pero no la promoví por eso, sino
porque era buena en su trabajo.
La oficina de tesorería se encontraba en el centro de las oficinas
generales. Era un pequeño cubículo de 3 por 3.5. metros,
totalmente cerrado, sólo había comunicación hacia
afuera por una pequeña ventanilla con cristal polarizado. La puerta
permanecía cerrada siempre. La seguridad se debe a que allí
se resguardan los valores de la empresa: Dinero en efectivo, cheques,
etc.
Un domingo toqué a la puerta de tesorería, Claudia me había
llamado para que revisara su primer corte de caja que había hecho.
La chica llevaba una blusa blanca que dejaba al descubierto su ombligo
y una minifalda escosesa, con unas botas blancas que le cubrían
los tobillos. Era una chica preciosa.
Entré, platicamos mientras me sentaba en una silla ejecutiva frente
a la caja fuerte, y con reporte en mano comencé a verificar su
corte de caja.
De pronto, Claudia se colocó detrás de mi y colocó
sus manos sobre mis hombros.
- Sr. julián...qué guapo es usted...
Yo reaccioné retirando sus brazos de mis hombros
- Gracias Claudia, es ud. muy gentil...
- ¿No le gusto?
- Claro que sí. Ud. es una chica muy guapa pero....
Sin dejarme decir más, se agachó y me plantó un enorme
beso en la boca. Yo me resistía porque el recuerdo de mi Cindy
estaba fresco aún. Pero la temperatura de mi cuerpo me traicionó
y correspondía sus caricias.
De pronto alguien se acercó a la ventanilla y tocó. Rápidamente
nos separamos. Era una supervisora de cajas que traía billetes
para cambiarlos por monedas.
Yo seguía sentado en la silla ejecutiva. Claudia estaba de pie
frente al escritorio y de espaldas a mi, estaba acomodando los billetes.
Como la silla es de rueditas, me acerqué a ella, metí mis
manos por debajo de su minifalda escosesa y la tomé de las nalgas,
eran unos glúteos bien torneados, duros. Claudia dió un
brinquito y siguió manipulando los billetes. Me retiré un
poco, ella se dió la vuelta y quedó frente a mí.
Se agachó y nos comenzamos a besar, mientras mis manos viajaban
nuevamente bajo su minifalta y la sujetaba de las nalgas. Le comencé
a bajar su diminuta tanga blanca de algodón. Le levanté
la falta y frente a mi (Yo seguía sentado) quedó una hermosa
vagina apiñonada, cubierta de risos rubios recortados en forma
de abanico, lo ancho sobre su pubis y haciéndose más delgado
al dirigirse hacia la vulva.
Claudia se sentó sobre el escritorio, abrió sus bien torneadas
piernas ofreciéndome aquel exquisito capullo.
- Dame una chupada Julián, quiero sentir tu lengua entre mis piernas.
Sin demora alguna me inqué en el piso y clavé mi cara entre
sus muslos. Mientras mis manos acariciaban sus bien torneadas piernas,
mi lengua hacía peripecias en su vagina, que ya estaba totalmente
empapada. Con mis dedos abría sus labios vaginales para que mi
lengua llegara lo más adentro posible. Claudia se estremecía
de placer y con sus manos se apretaba sus redondas tetas. Claudia volvió
en sí y me empujó hacia la silla, se incó, con desesperación
me abrió el zipper y jaló con fuerza mi verga, totalmente
endurecida y escurrida de líquidos preseminales, empezó
a devorarla. Yo me acomodé, abrí mis piernas hasta donde
pude para dejarla maniobrar. Sus delgadas manos apretaban mis testículos
al punto de causarme dolor. Sus manos recorrían mi torre y mi brillante
glande se perdía en su boca. Cuando sentí que me venía
la aparté de mi. Claudia me despojó del pantalón.
Ella estaba sin falda, sin tanga, la blusa abierta. Sólo sus botas
estaba en su lugar. Abrió las piernas y se sentó sobre mi.
Sus preciosas tetas quedaron frente a mi cara, así que aproveché
para mordisquear sus pezones. Mi pene se introdujo sin dificultad en su
bien lubricada vagina. Comenzamos a gemir al sentir mi pene entrando y
saliendo de esa exquisita caverna. Sus tetas se balanceaban rítmicamente.
De pronto, através del ristal polarizado de la ventanilla, vimos
que una silueta se asomaba. Dejamos de movernos, contuvimos nuestros gemidos
y nos quedamos quietos. Se veía que la silueta quería asomarse.
Luego de unos segundos se dió por vencida y se marchó. Mi
pene se había aflojado y había salido de su vagina. Pero
Claudia se encargó de rebitalizarlo: Se retiró ligeramente
de mi comenzó de nuevo a masajear mi verga con su caliente boca.
Su aliento hizo que en unos cuantos segundos mi glande brillara en todo
su esplendor nuevamente. Pero ya no quise seguir sentado, así que
me levanté, la tomé por la cintura y la volteé hacia
el escritorio, Claudia se agachó ofreciéndome su enorme
trasero. y una preciosa vista trasera de sus labios vaginales, donde sus
risos de oro se asomaban. Con mis manos le abrí las nalgas y comencé
a besarle su vulva y su ano rosado y suave. Acerqué mi glande a
su vagina y se lo froté. Claudia se estremeció...
- Métemelo Julián, quiero tenerte dentro de mi.
Sin contemplaciones le dejé ir toda mi virilidad en su cavidad.
Ambos conteníamos hasta donde podíamos nuestros gemidos
de placer. Luego de un rato, retiré mi verga de su vagina y se
lo acomodé en la entrada de su rico culo.
- Con cuidado Julián, tengo miedo...
- Tranquila chiquita, no temas
Por un rato le fronté mi glande en la entrada de su cavidad anal
y se lo dejé bien lubricado; entonces, con mucho cuidado le fuí
perforando su ano, que al principio opuso resistencia, pero se fue dilatando
hasta que me dió acceso total. Mis huevos chocaban con sus glúteos,
ambos gemíamos como locos. El mete y saca tenía tal brusquedad
que al poco rato eyaculé dentro de ella, pero no le saqué
mi miembro, sino hasta que perdió firmeza se salió por sí
solo. Mi leche escurría por su entrepierna y sus rubios risos púbicos.
Claudia se giró y comenzó a darme una nueva chupada hasta
que mi pene quedó limpio. Exhasutos, nos vestimos. terminé
de hacer el corte y me fui.
Claudia era fenomenal, pero en mis pensamientos el recuerdo de Cindy seguía
viviendo. Claudia y yo follamos un sinfín de veces, hasta que sentí
que como gerente corría peligro de ser descubierto, así
que decidimos terminar. Meses después probé el sabor de
otras hembras, pero es...es otra historia......
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