Todo empezó cuando yo llevaba a mi sobrina al colegio todas las tardes para
hacerles un favor a mi hermano y mi cuñada ya que ellos trabajaban y no
podían por cuestión de tiempo. No tardé mucho en conocer a padres y a madres
que todos los días llevaban a sus hijos a la escuela, con los que hablaba
aunque fuese del tiempo, aunque normalmente los padres me hablaban de cómo
estaban las madres de otros niños a lo que yo respondía haciéndome el macho
aunque mis ojos ya estaban fijados en un padre que todas las tardes llevaba
a sus dos hijos, los dejaba en la puerta y apenas se paraba a hablar como el
resto. Era un hombre de unos treinta y pocos, bastante fuerte y grande,
afeitado a diario pero se notaba que tenía una barba bastante cerrada y lo
que realmente me hacia perder la vista era unos hermosos pelos que le salían
por el cuello de la camiseta. Lo observaba continuamente tanto que hasta
conocía su coche y como por aquel entonces me dedicaba a repartir publicidad
por los buzones no tardé en localizar su casa. Una tarde en el colegio lo
miraba haciendo correr mi imaginación y de pronto uno de sus niños cruzó la
calle sin mirar con la mala suerte que pasaba un coche en ese momento,
suerte que yo que como no dejaba de mirar me di cuenta y de seguida pude
agarrar al pequeño y evitar un susto. El padre malhumorado corrió para
reñirle al niño y de forma escueta me dio las gracias. A partir de ese
instante comenzamos a saludarnos y además del hola siempre había una
sonrisa, (para nada sospechosa). Mis fantasías iban cada vez mas lejos me lo
imaginaba desnudo con un torso con una pelambrera negra y espesa y un
miembro enorme acorde al tamaño de su cuerpo.
Un buen día repartiendo publicidad en su calle como de costumbre en su buzón
perdía más tiempo e incluso hacia ruido para ver si salía, pues ese día
sucedió; se abrió la puerta y apareció él. Me saludó y yo a él aunque algo
nervioso mis ojos se me iban al cuello del polo al que le faltaban dos
botones por abrochar, ese triángulo negro de pelos debajo de su garganta que
no podía dejar de mirar. Muy educadamente me volvió a dar las gracias por lo
de su hijo y me invitó a entrar a lo que yo lógicamente no me negué aunque
no sabia muy bien controlar mi nerviosismo que espero que él no notase. En
primer lugar me presenté y el me dijo que se llamaba Francisco y me preguntó
si quería tomar algo. Yo no sabía ni que hacer pero tenía que decir que sí,
así que le dije que tomaría un refresco, me invitó a sentarme en el sofá,
vino y puso un par de refrescos en la mesa de café junto al sofá. En ese
momento se dio cuenta que llevaba el polo con unas manchas enormes, se
disculpo y me pidió que me quedara sentado que él iría a cambiarse. Quedé
sentado esperando un momento ya que de seguida volvió con el torso desnudo
mientras se ponía una camiseta limpia. Fue solo un instante pero suficiente
para ver su pecho peludo casi igual que lo había imaginado aunque con alguna
cana que otra cosa quedé extrañado dado que solo tenía treinta y pocos.
Comenzamos ha hablar del colegio y de lo sucedido con su hijo, yo estaba
cada vez más nervioso y a la vez excitado lo que me hacia ser cada vez mas
indiscreto con las miradas. Aprovechaba cada vez que me acomodaba para
estar más cerca de él. Intentaba que nuestros antebrazos estuvieran en
contacto mientras con los ojos me lo comía entero, cosa que él se daba
cuenta y apartaba el brazo. Sus miradas empezaban a ser sospechosa y en mi
cabeza había un montón de dudas, mi silencio denotaba mi nerviosismo así que
opté por alejar mi brazo y no hacer algo que tuviera que arrepentirme. Fue
entonces cuando él sin previo aviso me cogió la mano y mirándome
directamente a los ojos me preguntó: ¿Que es lo que quieres? Mis nervios
estaban a reventar no sabia que decir, menos mal que tomo la iniciativa y
me besó en la boca, fue ahí cuando me olvidé de mis nervios y directamente
mi mano se fue a su pecho, quería sentir esa mata de pelos que le cubría su
pecho musculoso aunque fuese por encima de la camiseta. Francisco enseguida
se quito la camiseta y me puso el trabajo más fácil, dejando a la vista una
inmensa pelambrera de pelos negros y algún que otro que se acercaban al
gris. Continuó besándome como un loco, metía su lengua en mi boca y apenas
me dejaba respirar. Fue ahí cuando fui a quitarme mi camiseta y él me detuvo
diciendo:
-Vamos a mi habitación que hoy estoy solo y nadie nos podrá
molestar.
Le seguí hasta la habitación y una vez allí me empecé a quitar la ropa
quedándome en calzoncillos que por cierto no podían disimular el gran bulto
que había debajo dado que estaba muy cachondo, él hizo lo mismo. Yo le
observaba y miraba su calzoncillo a punto de estallar, era un bulto muy
grande, yo quería tenerlo en mi boca y sin darle tiempo a más me arrodillé
y empecé a chupar su calzoncillo que enseguida se quito para meterme su rabo
en la boca. Una polla enorme y eso que estaba semierecta , su pubis era tan
peludo como el resto de su cuerpo, no tardó en alcanzar su firmeza máxima
dentro de mi boca, con una mano iba bajándole el prepucio mientras con la
otra le acariciaba su pecho lleno de vello rizado y mi boca le saboreaba
todo el nardo. Él empujaba y un par de veces tuve que sacármela de la boca
para alternar con mi lengua, era un pene enorme y disfrutaba frotando mis
labios con el borde de su capullo. Tuvo que pedirme lo dejara, así que
levanté mi cabeza y comencé a besarlo, Francisco retiro su boca y comenzó a
besarme mis pezones que aunque no tanto como los suyos, son bastante
peludos. Fue bajando rápidamente y agachándose hasta arrancarme el
calzoncillo y coger mi nabo que no dudó en metérselo en la boca, cosa que me
extrañó ya que creía que apenas tendría experiencia con hombres, empezó a
chupármela como un experto aunque poco rato ya que me tiró a la cama y se
abalanzó sobre mi como un oso salvaje con un inmenso y tupido montón de
pelos que lo cubría. Empezó besándome pero poco a poco con su boca fue
siguiendo la trayectoria de los pelos de mi pecho dirección a mi polla la
cual solo lamió y empezó a comerse mis huevos aunque Francisco no era eso lo
que quería en ese momento. Me levantó las piernas y alcanzó con su lengua mi
culo y comenzó a lamerlo provocando en mí un enorme placer al rozarme con
ese mentón áspero debido a su barba de no haberse afeitado esa mañana. Poco
a poco empezaba a meterme sus dedos gordos como la polla de cualquier
jovenzuelo nada comparable a la suya una polla que era gorda y digna de un
oso tan fuerte como era este. Mi culo cada vez estaba mas relajado y
finalmente consiguió su propósito; me metió su enorme tranca sin que yo
apenas sintiese molestia alguna, empezó a moverse y ahí fue cuando grité de
dolor y le pedí que parase, muy obediente se disculpó y se dispuso a
sacarla a lo que le paré y le dije que la dejase dentro para que mi esfínter
se acostumbrase a su rabo. Nos mirábamos con cara de placer mientras
acariciaba su pecho lobo y observaba las gotas de sudor que caían por su
frente pidiéndole entonces que continuase. Tal vez no fue suficiente tiempo porque todavía me dolía pero era mucho placer el que sentía por lo que me
daba igual el dolor que en unas cuantas sacudidas se calmó ayudado del
placer de gozar al ser penetrado por ese hombre tan macho al que no podía
dejar de admirar su fornido pecho osuno. No quería que esa satisfacción
acabase nunca pero Francisco estaba a punto de correrse y prefirió sacar su
pene poco a poco para alargar un poco mas el momento. Hacia calor y el sudor
nos envolvía y teníamos que recuperar la respiración que era bastante
agitada después de la follada que me había metido. Tumbados magreándonos
fue cuando ese hombre con esa espesa pelambrera se tumbó boca abajo y me
pidió que lo penetrara, quería sentirme dentro de él como yo lo había hecho
antes. Mi verga estaba destrempada por lo que comencé a pajearme mientras
humedecía su agujero que estaba a la vista ya que el con sus manos separaba
sus nalgas, ya con mi miembro preparado abrí su ano peludo para meterle mi
instrumento que entro sin problemas aunque por el aullido de mi compañero
tuvo que hacerle daño, le pregunte que si seguía a lo que me contesto que no
parase y así lo hice le metí la polla hasta dentro, le aplasté mis pelotas
contra su culo, él separó sus piernas facilitando la penetración. Observaba
su espalda musculada escuchando sus gemidos de placer, pero estaba deseando
que se pusiese a cuatro patas para poder acariciar su torso de macho así que
se lo ordene el cual obedeció sin rechistar. Me estaba follando al gran oso
que llevaba meses observando como llevaba a sus crías al colegio. Mi mano no
paraba de frotar su pecho excitado al tener tanto pelo entre mis dedos.
No me quedaba mucho así que la saque, le di la vuelta y le comencé a comer
la polla que ya estaba casi muerta, mientras yo intentaba no tocarme la
mía para así poder esperar y corrernos juntos cosa que no conseguí así que
sin más, retorciéndome de placer me corrí en su tripa peluda, pocas gotas le
llegaron a tocar ya que no guardaba mucho semen en mis huevos pero Francisco
al verme se excito todavía más.
Yo me tumbé a su lado y le pedí que hiciese lo mismo pues a mi una buena
corrida encima me encanta y esta no tardaría; un gemido que se escuchó por
toda la casa me avisó de que empezaría a escupir, y así fue escupió tal
cantidad de semen que me lleno todo mi pecho al tiempo que yo lo extendía
por mi torso velludo. Quedamos en la cama un buen rato mientras
comentábamos lo bueno que había sido y yo que no me quise quedar con la duda
le pregunté si era la primera vez que lo hacia con un hombre. A lo que me
respondió que no pero que desde que se había casado no había querido volver
a probar. Tanto tiempo sin hacerlo le había hecho olvidar lo placentero que
era, así que era tarea mía hacerle recordar.
Espero que os haya gustado para cualquier cosa me tenéis en:
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