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Patios del colegio

Estaba falto de dinero, mi padre acostumbraba a mandar dinero a mi hermano mayor, y él después me visitaba y me dejaba lo que necesitara, siempre lo justo, mejor dicho, por debajo de lo justo, él tenía más gastos que yo, claro al ser mayor… Con lo que me dejaba tenía para el por entonces, tabaco más barato, pero así y todo, si lo compartía con los amigos al igual que ellos hacían, pues como que se me acababa antes.

Aprovechando esta escasa economía, alguien que estaba atento a esto, supongo que por su propio interés, me propuso acabar con dicha escasez. Al principio me resultó un poco extraño, pero el morbo me pudo, el morbo y sobre todo la persona que me lo propuso.

Se trataba de un compañero que de alguna manera me excitaba, se sentaba detrás de mi en clase, y a veces su aliento me inquietaba de tal forma que alguna vez que otra, tuve que pedir permiso para ir al servicio, donde me masturbaba, pensando en esos labios mordidos por mi, en esa piel juvenil, blanca y fina que poseía…En una palabra, lo sentía como si fuera una mujer.

Pues ni corto ni perezoso, cierto día me comentó que ya que él tenía bastante dinero, me podía prestar cuando lo necesitara, solo que a cambio a él le gustaría poder acariciarme, tocarme, besarme, masturbarme…o sea que en definitiva convertirme en su juguete personal, algo así como su esclavo.

Esa proposición que en principio como ser heterosexual como me creía, la hubiera rechazado de plano, pero solo en principio, ya que como he dicho antes, Rosillo, o Rosi como en mis mas íntimos secretos gustaba de llamar, me excitaba, pero no solo eso, sino que el hecho de por hacer algo que en principio me excitaba, conseguía dinero, me excitaba doblemente…. Así que dudándolo solo lo imprescindible, acepté.

Al principio fue solamente eso, tocamientos, besos que me trasladaban a otra dimensión, caricias, etc… Me hacía llegar sus necesidades a través de un amigo suyo, me esperaba en algunos de los servicios que estaban repartidos por todo el colegio, y éste amigo esperaba fuera para avisarnos de alguna novedad, o bien nos colábamos en los dormitorios o el dormitorio personal de un primo suyo, que estaba en un curso superior.

LO que en un principio fue como mutuo interés, se convertiría por mi parte, en una necesidad tan grande con el paso del tiempo, que legaría a convertirme en su esclavo, y en casi, porque él no lo permitió, a tener que pagarle yo a él por lo mismo que él me pagaba a mi….

Los encuentros cada vez eran más continuos, me encantaba estar con él, besarlo todo entero, además siempre llevaba puestos unos guantes de cuero que cuando me acariciaba me excitaba hasta el infinito, y lo hacía maravillosamente, me volvía loco, sentir como recorría mi cuerpo besándolo despacio muy despacio, su lengua recorría cada poro de mi piel, cuando se detenía en mi miembro, éste ardía de placer, parecía que fuera a reventar, él lo notaba y le encantaba hacer y detenerse. Y al final, se tragaba mi semen.

Con el tiempo fuimos perfeccionándonos, al tiempo que íbamos conociéndonos. Sobre todo el papel que más nos gustaba representar, era el de esclavo y ama. Yo siempre quise que él (ella) representara el de ama, y como tal le gustaba arrodillarme y que le besara su culo, a mi me gustaba, que digo, era mi locura, ese culito blanco, suave y siempre lo tenía frío, lo que le daba un tacto como el del cuero, acariciarlo, olerlo y besarlo, y sentir como se estremecía de placer cuando lo hacía, me enorgullecía, porque a él (ella) le gustaba y después me premiaba con un extra de besos.

En cierta ocasión me hizo una proposición que me puso loco de contento. Un domingo, nos iríamos a pasar toda la tarde a una casa que tenía su padre en el centro de la ciudad y que solo visitaba esporádicamente, y él (ella) tenía la llave…¡m.mm!, pasaríamos toda la tarde juntos sin temor a las miradas o a ser descubiertos, ¡era genial!.

Ese día, después de comer y con el uniforme, salimos del colegio, nos subimos al autobús que nos llevaría al centro, siempre con el cosquilleo de la felicidad en nuestros estómagos, el cosquilleo, y el deseo de estar juntos y amarnos. La casa estaba vacía claro, solo cerrar la puerta, nos dimos un beso grandísimo, como si hiciera días que no lo hubiéramos hecho, abrazados como si hiciera meses que no lo hubiéramos hecho, así permanecimos un buen rato. Después me senté en el sofá y encendí la tele mientras Rosi iba a no se que, mientras me desnudé, la casa tenía calefacción y Rosi se había encargado de conectarla, la verdad se estaba maravillosamente bien, pero mas maravilloso fue al cabo de un rato, ver aparecer a Rosi vestida como una diosa, fue increíble, parecía toda una mujer en todos los aspectos, pero la forma en que iba era divina, no lo podía imaginar…

Llevaba un corsé de cuero tan apretado a su cuerpo, que parecía su propias piel, una minifalda ajustadísima y cortisima de cuero negro que dejaba ver casi todas sus preciosas piernas, las cuales estaban enfundadas en una botas también de cuero, que le llegaban por el muslo alto y que en lo más alto de éstas estaban anudadas por la parte de atrás. Y cubriendo sus brazos, unos guantes también de cuero fino, muy fino….Y estaba allí, parada frente a mi, insinuándome con los labios, esos labios que me hacían perder la cabeza, pintados ahora de un rojo brillante, casi transparentes….no lo podía creer. Mi sexo, que ya de por si, sabiendo lo que le esperaba, estaba preparado, ahora de golpe se puso a latir salvajemente, como queriendo estallar.

Me ordenó que la siguiera, desnudo como estaba, debía parecer algo gracioso con aquel miembro empinado y tras ella. Me condujo hasta el dormitorio principal y me arrojó en el suelo. Creía que no iba a poder soportarlo, ella se puso a andar a mi alrededor, con movimientos muy femeninos y eróticos, pasándose la lengua por sus labios rojos, y andando con una soltura con las botas y esos tacones que tenía que pareciera que lo hubiera hecho toda la vida. De pronto se paró sobre mi cabeza con sus piernas abiertas, pudiéndole ver sus piernas, y comenzó a insultarme, eso me provocaba, entonces se dio la vuelta y se agachó lo justo para colocar su ano a la altura de mi cara, y comencé a besar aquel culito rico y blanco que tanto deseaba mientras me insultaba. Aquella tarde fue maravillosa, de hecho la volvimos a repetir todas las tardes de domingo…

 


 

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