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Diez años después

Dice una canción: "Cambia... todo cambia" y yo nunca me hubiera imaginado cuanto podía cambiar una persona.

Algún tiempo hace que mis compañeros de secundaria me localizaron para informarme que habría una reunión de la generación, asunto que la verdad no me entusiasmaba mucho pero el deseo de ver de nueva cuenta a los que en esa época fueron mis grandes amigos y, de los cuales no había tenido noticia en mucho tiempo termino por ser el pretexto suficiente para asistir a dicha reunión.

Ahí me encontré con mi amigo Luis, casado y con hijos; Manolo, viviendo en unión libre; Martita, quién fuera mi novia en la secundaria y que ahora contaba con tres hijos y que además me comentó que de no haberla dejado esos niños podrían haber sido míos... ¡pobre, si supiera!

Por supuesto también estaban los nefastos, aquellos que se esforzaron por hacerme la existencia pesada en aquellos años, sobre todo ese imbécil de Rodrigo que, sospechando que mis preferencias eróticas estaban más inclinadas hacia los niños, siempre trato de ponerme en evidencia, sobre todo porque nunca fui bueno para los deportes, prefería quedarme el margen viendo a mis compañeros en shorts y grabándome sus figuras en la pupila para poder puñetearme cuando llegaba a casa.

La reunión transcurrió sin novedad, los amigos que no nos habíamos visto nos pusimos al tanto de lo que ocurría en nuestras vidas, intercambiamos nuevos números telefónicos, el móvil, etc., por supuesto no faltó el alcohol que corría cual ríos, el anfitrión se había puesto generoso en ese rubro. Rodrigo y yo nos saludamos con cierto desdén, nunca nos simpatizamos pero en esta ocasión sólo había tensión, no hubo trazos de violencia.

Por la madrugada, cuando la reunión estaba finalizando, comencé a despedirme, no había bebido nada embriagante pues tenía que manejar y nunca me gusta hacerlo ebrio, por su parte Rodrigo parecía estar verdaderamente borracho y apenas se sostenía en pie. Como nuestros domicilios están relativamente próximos y Rodrigo no tenía transporte, Luis me pidió que lo llevara a casa.

    - No seas mala onda llévalo.

    - Sabes que lo detesto.

    - No seas mamón, esta tan pedo que no te va a dar lata.

    - Pero no sé donde vive exactamente.

    - El te indica, todavía se acuerda.

    - Va... pero si se pone en mal plan lo bajo y le parto su madre.

    - Va!!!

Rodrigo subió al carro en lo que yo terminaba de despedirme y minutos después estabamos en camino, no había conducido ni 5 minutos cuando sentí su mano en mi pierna. ¿Qué haces? -pregunté atónito- Nada -contestó- sólo déjate llevar, sé que te gusta... por eso no hablaste de novias toda la noche, eres puto, siempre lo supe.

Desconcertado me di cuenta de que mi compañerito de escuela no estaba tan borracho como parecía en un principio, todo había sido un truco y no sabía si confiar en él pero me dejé llevar. Rodrigo llevó su mano hasta mi verga que reaccionó al instante, se paró como si tuviera un resorte dentro, sus toques eran gentiles y rítmicos, bajé la velocidad del auto con la intención de prolongar más el viaje, él comenzó a safar el cinturón, los botones del pantalón, a dejar al descubierto mi gran bulto que estaba enhiesto, aprisionado en el boxer de algodón blanco que tenía puesto. Levántate un poco del asiento -me indico- y seguí sus ordenes, en ese preciso instante bajo un poco mis pantalones hasta liberar mi tolete que estaba apunto de llegar al clímax, se acomodó en el asiento del copiloto y llevo sus labios hasta mi pene para tragarlo poco a poco mientras yo intentaba concentrarme en el camino, su cabeza brincaba entre mis piernas con un movimiento rítmico y lento, su lengua agasajaba la punta de mi badana al tiempo que paladeaba mis fluidos, mi respiración se agitaba cada vez más y de vez en cuando se me salía un gemido sutil que lo excitaba más y más. A punto de reventar solamente pude preguntar ¿A dónde vamos?, Rodrigo saco su cartera, extrajo una tarjeta que me estiro con la mano y volvió a su ardua tarea de mamarme la verga mientras enfilaba mi navegación a un motel barato de Tlalpan donde todo habría de consumarse.

Tras haber cumplido con las formalidades en la recepción pasamos al cuarto donde el furiosos Rodrigo sin mediar palabra se me abalanzó, me beso con una violencia insólita y me dijo -no hablemos nada, actuemos.

Me saco el cinto de un tirón, halo de los botones del pantalón con una fuerza tal que botaron dos o tres fuera de su lugar, de golpe me los bajo hasta el suelo, tomó mi verga y comenzó a mamarla como si su vida dependiera de ello mientras hincaba sus dedos entre mis nalgas, acariciaba mi ojete y eventualmente metía un dedo, ponía saliva en él y lo metía de nuevo, luego fueron dos hasta que me dilate, sus mamadas me hacían retorcerme, aún de pie, frente a él y sus movimientos casi convulsivos me corrí en su cara, largos chorros de leche le golpeaban el rostro mientras limpiaba mi polla con la legua y se tragaba todo mi néctar, la boca le había quedado manchada como la de un niño descuidado que bebe chocolate y se le queda en los labios, creo que ese fue un auténtico bigote de leche.

Se puso en pie y me arrojo de manera violenta a la cama mientras se despojaba de lo que le quedaba de ropa, era increíble, después de tanto tiempo no había perdido su figura atlética, los cuadros de su abdomen estaban perfectamente marcados y bajo el abdomen una hermosa verga erecta y enorme bajo la cual colgaban placidos un buen par de testículos no menos grandes y estéticos y lo mejor de todo, perfectamente depilado. Aún con mi semen en los labios volvió a besarme con lo que pude probar el sabor de mi propio jugo.

Sin hablar se colocó sobre mi, me acerco su pito a la cara y me dijo ponle algo de saliva, comencé a meterme ese enorme miembro en la boca, quise tragarlo todo pero me producía las arcadas típicas de la nausea, no podía creer lo grande que era. El montado sobre mi marco el ritmo de la mamada, me follaba por la cara, se movía cada vez más rápido hasta que reventó en mi boca así que me trague toda su tibia y abundante leche.

Se recostó un instante junto a mi, traté de decirle algo pero me interrumpió con una seña inconfundible indicando que me callara, se incorporó y me volteó con el mismo salvajismo que había caracterizado su actuación, me puso en 4 y sin previo aviso me dejo ir su pinga por mi culito que al principio protesto un poco pero pronto colaboró de buena manera, ensartado como estaba me llevó ante un enorme espejo que estaba en el cuarto, nos pusimos de perfil y comenzó con los movimientos de nueva cuenta, meter y sacar, meter y sacar mientras yo observaba en el espejo como aquel animal me cogía, nuestros cuerpos juntos el de él pálido y el mío moreno, trenzados en aquella danza homosexual que me producía un placer insólito. Su mano tomaba mi polla y la apretaba con mucha fuerza mientras trababa de completar una paja, yo reventaba de placer. Sé que me había indicado que no dijera nada pero quise advertirle que fuera más despacio o se correría tan rápido que el momento terminaría muy pronto, pero él me volvió a callar.

Lo único que podía sentir era su verga entrando y saliendo de mi, cuan larga era hasta que reventó en una fiesta de chorros de leche que impregnaban mis entrañas, sentí su cuerpo convulsionar sobre el mío, recargado sobre mi espalda mientras su tamaño disminuía lentamente.

Me la saco y sólo dijo te toca, arrimó una silla frente al espejo y me sentó en ella, tomo mi polla, la mamó y me puso erecto como en el carro, una vez listos se monto sobre mi y dejo caer su peso en mi verga para ensartarse poco a poco mientras yo apreciaba la escena desde otro ángulo en el espejo, comenzó a cabalgarme, confieso que yo no sabía que hacer gemir, ver sus ojos en los cuales me perdía o apreciar su culo en el espejo ensartado por mi polla, solo veía entrar y salir mi tolete de su ojete rojito, sus pálidas y perfectamente redondeadas nalgas y su espalda encorvada hacia atrás mientras me sentía en su interior. Revénte en tan furiosa cabalgata y me vine dentro de él, su cara mostraba un gesto de satisfacción que no había visto nunca, me tomo de la mano y me arrojó a la cama de nueva cuenta, nos pusimos en posición de un 69 pero en vez de mamarnos las pollas me propuso limpiarnos la leche propia que comenzaba a escurrir del culo del compañero, diablos eso también fue increíblemente placentero, esto siguió hasta quedarnos dormidos.

Al día siguiente lo deje en su casa y nos despedimos como si nada, desde entonces nos hemos visto una vez más en la que me presento a su esposa y sus dos hijos, a ella no pude verla más que con envidia pues diario puede tener a ese tipo desagradable que de niños me fastidiaba y diez años después casi me lleva de la tierra al cielo.

Como siempre agradeceré sus comentarios a

albert782@hotmail.com y ya les contaré más.

 

 

 


 

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