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Cómo me descubri gay
Estaba chavo cuando fui por primera vez solo a un cine. De pronto, sentí una mano que tocaba mi pierna. Eso me hizo sentir un cosquilleo extraño y una sensación de vacío en el estómago (misma que vuelvo a sentir cada vez que entro a un lugar en donde puedo ligar a alguien). Al voltearme, me di cuenta que era un tipo como de 21 años que estaba junto a mí. Era gordito y alto. Su mano se acercaba temblorosa a mi entrepierna. Cuando llegó allí, bajó el cierre de mi pantalón e intentó meter su mano. Para ese momento, yo tenía ya una erección, pero también mucho miedo, y le dije: “Ya estuvo bueno, ¿no?” Y
entonces él se paró y se fue.

Poco después de eso, volví a regresar al mismo cine, y en esa ocasión entré al baño a hacer mis necesidades, cuando de pronto, sentí que había algo raro allí. No me quedaba muy claro qué era, pero había un ambiente muy especial. De pronto, me di cuenta que muchos hombres entraban, pero pocos salían, luego vi que muchos se quedaban parados frente a los mingitorios y que se empezaban a verse las vergas unos a otros. De pronto, me pareció ver que uno pasaba la mano para agarrarle la verga a su vecino y, sin saber por qué, eso me hizo sentir muy excitado y se me paró.

Como la tenía parada, no podía yo orinar y, al estar tanto tiempo parado, empecé a llamar la atención, aunque yo no era atractivo, pero estaba muy joven y mi erección era bastante notoria. Entonces, se acercó a mí un joven que me tocó mi tronco. Eso me confirmó lo que ya sospechaba yo de allí, que los hombres se agarraban sus “cosas”. Entonces, un hombre, de unos 60 años, me jaló a una de las cabinas y se sentó en la taza. Empezó a chupar la cabeza de mi verga, como si fuera  un caramelo. Para mí, eso fue delicioso, pues, imagínense, era mi primera experiencia de a de veras, ya que, antes de
eso, sólo me había chaqueteado leyendo libros eróticos de historias bugas. Pues fue tan excitante, que le regalé al viejo mi leche, y con miedo y todo, me regresé a mi butaca.
Como es natural a esa edad, al poco rato me volví a sentir caliente y me bajé a ver qué encontraba. Estaba un chavo que se me hizo muy cachondo, chaparrito, nalgón, con unos labios mamadores, y él me toco la verga y las nalgas. Luego, me hizo señas y lo seguí afuera del cine. Yo iba bien caliente y con ganas de metérsela, pero no sabíamos adónde ir. Ya casi nos
íbamos a separar, cuando encontramos un terreno baldío. Entonces, él me jaló hacia allí, me bajó el pantalón y me la empezó a mamar riquísimo. Me dio la vuelta y metió la lengua en mi culito, totalmente virgen. Me metió su lengua, me ensalivó y luego me metió su dedo. Una vez que lo hizo entrar fácilmente, yo ya no sabía qué quería, si cogérmelo o que me cogiera, y fue él quien me acomodó como de sentadilla, se puso detrás de mí y, dándome un jalón, me la ensartó. Me dolió y lo gocé poco, pero de ahí en adelante, ya supe el camino por dónde y cómo coger con hombres.

Ahora lo cuento con gusto y nostalgia, dándome cuenta que quizá, si esos hombres hubiesen sido sorprendidos, los habrían acusado de abuso o algo similar. Sin embargo, yo nunca fui forzado de ninguna manera, así que creo que es importante empezar a cuestionarnos si todo el griterío sobre prevenir el abuso, no es sino una forma de negarle el placer a los jóvenes. Sé que hay quienes sí han sido abusados, pero creo que, a veces, ya podemos saber qué queremos y entonces, lo que necesitamos, es información y no temores.

Gracias por haber leído mi relato. Cuídense.


 

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