| Ayer por la tarde no pude resistir
más y fui a la casa de mis primos con la excusa de pedir ayuda
para hacer mi tarea, en realidad me moría por ver a Santi. Tía
se puso contentísima de verme porque ella tuvo solo varones, tres
bestias (dos en realidad porque Santi es amoroso) y me ama como si fuese
su propia hija, le encanta hablar conmigo de cosas de mujeres y prepara
té y nos sentamos a hablar como madre e hija o como dos amigas,
eso la hace intensamente feliz. Pero ayer yo esperaba la llegada de Santi
ansiosa y aunque prestaba atención a lo que me decía no
podía dejar de moverme nerviosa en mi silla viendo que los minutos
pasaban y no llegaba. Pero finalmente llegó y cuando me vio se
le iluminó la cara con una hermosa sonrisa y se me acercó
y me dio un beso y después otro a su mamá y me dijo que
estaba muy linda, haciéndome poner colorada. Tía también
dijo que estaba cada día más linda, es que yo me había
ido vestida de un modo aparentemente informal pero que escondía
mi intención de estar seductora. Me había puesto una pollera
negra mini de tiro muy corto y una remera escotada también negra
y muy cortita que dejaba al descubierto toda mi pancita y mostraba algo
de mis tetitas y llevaba zapatos también negros con un poco de
taquito, todo este conjunto, más mis quince años, eran un
arma mortal y yo lo sabía y sobreactuaba un cierto look aniñado,
me di cuenta que Santi había sido afectado por la combinación
y me sentí feliz. Le conté el motivo de mi visita y me contestó
que le encantaría ayudarme, que subiésemos a su habitación
que allí tenía sus libros y la computadora, tía nos
avisó que iba a preparar la merienda y que nos llamaba en unos
minutos. Apenas llegamos a la habitación Santi me abrazó
con fuerza y nos dimos un beso terriblemente apasionado, yo me colgué
de su cuello mientras una mano me aferraba las nalguitas y me apretaba
contra su sexo. Cuando fue imprescindible respirar le pregunté:
- ¿No tuviste más problemas después del sábado?
- El lunes durmiendo tuve una recaída...
-¡Ay!, pobrecito...
- Si, estaba soñando con vos y me pasó...
- Mi amor... ¿y qué hiciste?
- Bueno... tuve que ir al baño y..., y...
- ¿Te hiciste la paja?
- Bueno... si. Cerré los ojos y repetía tu nombre todo el
tiempo.
- ¡Qué dulce!
Que Santi se hubiese masturbado por mi me pareció algo hermoso
y me lo comí a besos.
- Kim..., me parece que tengo otra recaída...
Bajé mi mano y comprobé que efectivamente Santi estaba teniendo
una grave recaída.
-¿Qué podemos hacer mi amor? Pregunté preocupada
- Mirá mucho tiempo no tenemos porque mamá nos llama en
cualquier momento pero, si vos querés claro, podrías darle
un besito como ese tan lindo que le diste la otra noche... Dijo apoyando
su mano sobre la mía que acariciaba su pija.
Comprendí enseguida mientras Santi me llevaba hasta el borde de
su cama donde se sentó y bajando el cierre del pantalón
dejó emerger ese pedazo hermoso de pija que tiene y me pidió
que saque mis tetitas para que pudiese verlas. Las saqué por encima
de la remerita y me arrodille entre sus piernas y la tomé con mi
mano derecha, estaba caliente y muy dura y al descubrir la cabeza la vi
brillante y se me hizo agua la boca, cuando la saboreé me pareció
riquísima, más rica que el sábado. Santi me acarició
las mejillas mientras se la chupaba y me miraba sonriendo, yo de vez en
cuando levantaba la mirada para verlo gozar y cuando me empezó
a acariciar las orejas y a respirar agitado me di cuenta que ya no aguantaba
más. Se fue con todo y me llenó la boca de leche, ¡por
fin podía saborear la leche de Santi!, ¡y qué rica
que era! Tuve que hacer esfuerzos para tragar sin que se me escapase algo
por entre los labios porque le salía un montón pero no iba
a dejar escapar una sola gota y me la tomé toda. Cuando le pasaba
la lengua recogiendo lo poquito que quedaba escuchamos la voz de tía
llamando:
- Chicooos..., bajen a tomar la leche...
- Ya vamos tía, contesté.
- Sos insaciable, comentó Santi riendo.
Mientras tomábamos la leche nos mirábamos con sonrisas cómplices
mientras el deseo volvía a crecer y nos apurábamos a terminar
para subir a la habitación de Santi. Pero esa tarde los dioses
estaban dispuestos a bendecirnos porque tía nos anunció
que debía ir a hacer compras al Supermercado y que se demoraría
alrededor de una hora o un poco más pero que la espere para que
Santi me llevase a casa en el auto. Nos miramos pensando que no podía
ser verdad tanta suerte y subimos las escaleras casi corriendo y ya en
la habitación esperamos nerviosos escuchar el auto alejarse pero
Santi no tenía tanta paciencia y ya se había quitado la
camisa y yo le acariciaba el pecho y se lo besaba muerta de deseo. Apenas
el auto salió del garaje empezamos a quitarnos la ropa a toda velocidad
pero Santi me ganó y se me arrojó encima cuando yo todavía
tenía la bombacha por las rodillas, caímos en la cama riéndonos
y él se ocupó de terminar de quitármela, se sorprendió
al encontrar en la bombacha un apósito protector que, precavida,
me había puesto para no manchar la bombacha presumiendo que seguramente
me iba a mojar y me preguntó:
- ¿Y esto qué es?
Se lo expliqué y entonces se lo llevó a la boca y le pasó
la lengua.
- Humm, que rico, dijo
- Sos un chancho, dije riéndome.
Oink, Oink, hizo poniendo cara de chanchito y abalanzándose entre
mis piernas. Me reía a carcajadas ahora porque seguía haciendo
Oink, Oink pero su lengua y sus dedos no son cosa de risa y pronto me
encontré suspirando entre orgasmo y orgasmo mientras apretaba su
cara contra mi concha y gozaba como loca. Finalmente, cuando me tuvo exhausta
de tanto acabar, me la metió y pensé que nunca había
sentido algo tan intenso como esto que sentía ahora. Me fui muy
rápido, demasiado, y me di cuenta que mientras me debatía
en convulsiones de puro goce Santi no había acabado y gruñí
enojada conmigo misma por mi egoísmo.
- Santi, apurate mi vida, acabá cielito, acabá.
- No, dejame que te goce así, mirándote acabar a vos, quiero
que me goces chiquita, quiero ser tu esclavo sexual...
Ese hombre me volvía loca y todo había empezado haciéndole
un favor. Me tuvo penetrada hasta que mi concha dejo de latir, hasta la
última gota de mi placer, luego me puso sobre él y me hizo
sentar sobre su pija enhiesta enterrándomela toda, qué placer,
qué maravilla. Me hizo cabalgarlo levantándome por la cintura
casi hasta sacársela y dejándome caer hasta quedar totalmente
sentada y penetrada. Me hizo acariciar las tetitas y eso me excitó
porque sentí mis pezones ponerse más duros, me hizo masturbar
mientras me miraba sonriendo y yo empecé a convencerme que me iba
a volver loca si seguía gozando tanto, pero la naturaleza hizo
su trabajo nuevamente y el orgasmo me arrasó como el tornado Katrina.
Cerré los ojos y caí sobre Santi jadeando con la boca muy
abierta mientras me metía un dedo profundamente dentro del culo.
Sollocé apretada a él pensando que lo que estaba sintiendo
era sobrenatural, que estaba soñando y que de pronto me iba a despertar
en mi camita para descubrir que me había masturbado dormida, pero
estaba despierta, muy despierta y Santi me acariciaba y besaba y me decía
que me amaba. Cuando me calmé me la sacó y me acostó
a su lado, yo se la agarré, estaba durísima como había
estado el sábado y tuve miedo que no se le volviese a bajar pero
Santi ya me volteaba y me ponía boca abajo y se levantaba, lo vi
caminar hacia el baño con la poronga balanceándose y enseguida
volver con un frasco en la mano para anunciarme que era acondicionador
para el pelo, como el que habíamos usado en el hotel y que me iba
a hacer la cola, fue la mejor parte de la tarde. Yo me puse en la misma
pose del sábado, imitando a Km Basinger, piernas muy abiertas y
talones hacía atrás, casi sobre mi culo y apoyada en los
codos con las tetas colgando como si fuese a leer, Santi se volvió
loco y me separó las nalgas y me pegó una chupada de culo
para el Guinnes y cuando lo tuve bien dilatado se arrodilló y se
lubricó la pija cuidadosamente. Me entró como un balazo
y apenas me dio tiempo de sobresaltarme cuando ya estaba echado encima
mío y bombeaba mi culo teniéndome agarrada de los hombros.
Fue una acabada gloriosa y estaba vez simultánea, el culo me latía
al ritmo de la eyaculación de Santi y en la concha sentía
fuertes pulsaciones, su aliento caliente acariciaba mi cuello y la saliva
lo mojaba. Después me besó, lamió mi oreja y la mordisqueo
suavecito mientras repetía: Kim, Kim, mi amor, mi vida, te quiero
chiquita dulce, te quiero con toda mi alma, yo gemía emocionada
por ese amor que sentía en todo mi cuerpo y del que no podía
dudar porque yo también lo amo desesperadamente. Cuando volvió
tía Santi y yo ya nos habíamos bañado juntos y estábamos
sentaditos simulando leer un libro como dos chicos buenos y le encantó
encontrarnos tan compañeros y amistosos, “me encanta que
los primos se lleven tan bien”, comentó y agregó:
“Ay Santi, ojalá algún día encuentres una novia
tan linda y tan dulce como Kim...” Nos miramos sonriendo y Santi
me guiñó un ojo imperceptiblemente.
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