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Screamfields 2

Ayer por la tarde no pude resistir más y fui a la casa de mis primos con la excusa de pedir ayuda para hacer mi tarea, en realidad me moría por ver a Santi. Tía se puso contentísima de verme porque ella tuvo solo varones, tres bestias (dos en realidad porque Santi es amoroso) y me ama como si fuese su propia hija, le encanta hablar conmigo de cosas de mujeres y prepara té y nos sentamos a hablar como madre e hija o como dos amigas, eso la hace intensamente feliz. Pero ayer yo esperaba la llegada de Santi ansiosa y aunque prestaba atención a lo que me decía no podía dejar de moverme nerviosa en mi silla viendo que los minutos pasaban y no llegaba. Pero finalmente llegó y cuando me vio se le iluminó la cara con una hermosa sonrisa y se me acercó y me dio un beso y después otro a su mamá y me dijo que estaba muy linda, haciéndome poner colorada. Tía también dijo que estaba cada día más linda, es que yo me había ido vestida de un modo aparentemente informal pero que escondía mi intención de estar seductora. Me había puesto una pollera negra mini de tiro muy corto y una remera escotada también negra y muy cortita que dejaba al descubierto toda mi pancita y mostraba algo de mis tetitas y llevaba zapatos también negros con un poco de taquito, todo este conjunto, más mis quince años, eran un arma mortal y yo lo sabía y sobreactuaba un cierto look aniñado, me di cuenta que Santi había sido afectado por la combinación y me sentí feliz. Le conté el motivo de mi visita y me contestó que le encantaría ayudarme, que subiésemos a su habitación que allí tenía sus libros y la computadora, tía nos avisó que iba a preparar la merienda y que nos llamaba en unos minutos. Apenas llegamos a la habitación Santi me abrazó con fuerza y nos dimos un beso terriblemente apasionado, yo me colgué de su cuello mientras una mano me aferraba las nalguitas y me apretaba contra su sexo. Cuando fue imprescindible respirar le pregunté:
- ¿No tuviste más problemas después del sábado?
- El lunes durmiendo tuve una recaída...
-¡Ay!, pobrecito...
- Si, estaba soñando con vos y me pasó...
- Mi amor... ¿y qué hiciste?
- Bueno... tuve que ir al baño y..., y...
- ¿Te hiciste la paja?
- Bueno... si. Cerré los ojos y repetía tu nombre todo el tiempo.
- ¡Qué dulce!
Que Santi se hubiese masturbado por mi me pareció algo hermoso y me lo comí a besos.
- Kim..., me parece que tengo otra recaída...
Bajé mi mano y comprobé que efectivamente Santi estaba teniendo una grave recaída.
-¿Qué podemos hacer mi amor? Pregunté preocupada
- Mirá mucho tiempo no tenemos porque mamá nos llama en cualquier momento pero, si vos querés claro, podrías darle un besito como ese tan lindo que le diste la otra noche... Dijo apoyando su mano sobre la mía que acariciaba su pija.
Comprendí enseguida mientras Santi me llevaba hasta el borde de su cama donde se sentó y bajando el cierre del pantalón dejó emerger ese pedazo hermoso de pija que tiene y me pidió que saque mis tetitas para que pudiese verlas. Las saqué por encima de la remerita y me arrodille entre sus piernas y la tomé con mi mano derecha, estaba caliente y muy dura y al descubrir la cabeza la vi brillante y se me hizo agua la boca, cuando la saboreé me pareció riquísima, más rica que el sábado. Santi me acarició las mejillas mientras se la chupaba y me miraba sonriendo, yo de vez en cuando levantaba la mirada para verlo gozar y cuando me empezó a acariciar las orejas y a respirar agitado me di cuenta que ya no aguantaba más. Se fue con todo y me llenó la boca de leche, ¡por fin podía saborear la leche de Santi!, ¡y qué rica que era! Tuve que hacer esfuerzos para tragar sin que se me escapase algo por entre los labios porque le salía un montón pero no iba a dejar escapar una sola gota y me la tomé toda. Cuando le pasaba la lengua recogiendo lo poquito que quedaba escuchamos la voz de tía llamando:
- Chicooos..., bajen a tomar la leche...
- Ya vamos tía, contesté.
- Sos insaciable, comentó Santi riendo.
Mientras tomábamos la leche nos mirábamos con sonrisas cómplices mientras el deseo volvía a crecer y nos apurábamos a terminar para subir a la habitación de Santi. Pero esa tarde los dioses estaban dispuestos a bendecirnos porque tía nos anunció que debía ir a hacer compras al Supermercado y que se demoraría alrededor de una hora o un poco más pero que la espere para que Santi me llevase a casa en el auto. Nos miramos pensando que no podía ser verdad tanta suerte y subimos las escaleras casi corriendo y ya en la habitación esperamos nerviosos escuchar el auto alejarse pero Santi no tenía tanta paciencia y ya se había quitado la camisa y yo le acariciaba el pecho y se lo besaba muerta de deseo. Apenas el auto salió del garaje empezamos a quitarnos la ropa a toda velocidad pero Santi me ganó y se me arrojó encima cuando yo todavía tenía la bombacha por las rodillas, caímos en la cama riéndonos y él se ocupó de terminar de quitármela, se sorprendió al encontrar en la bombacha un apósito protector que, precavida, me había puesto para no manchar la bombacha presumiendo que seguramente me iba a mojar y me preguntó:
- ¿Y esto qué es?
Se lo expliqué y entonces se lo llevó a la boca y le pasó la lengua.
- Humm, que rico, dijo
- Sos un chancho, dije riéndome.
Oink, Oink, hizo poniendo cara de chanchito y abalanzándose entre mis piernas. Me reía a carcajadas ahora porque seguía haciendo Oink, Oink pero su lengua y sus dedos no son cosa de risa y pronto me encontré suspirando entre orgasmo y orgasmo mientras apretaba su cara contra mi concha y gozaba como loca. Finalmente, cuando me tuvo exhausta de tanto acabar, me la metió y pensé que nunca había sentido algo tan intenso como esto que sentía ahora. Me fui muy rápido, demasiado, y me di cuenta que mientras me debatía en convulsiones de puro goce Santi no había acabado y gruñí enojada conmigo misma por mi egoísmo.
- Santi, apurate mi vida, acabá cielito, acabá.
- No, dejame que te goce así, mirándote acabar a vos, quiero que me goces chiquita, quiero ser tu esclavo sexual...
Ese hombre me volvía loca y todo había empezado haciéndole un favor. Me tuvo penetrada hasta que mi concha dejo de latir, hasta la última gota de mi placer, luego me puso sobre él y me hizo sentar sobre su pija enhiesta enterrándomela toda, qué placer, qué maravilla. Me hizo cabalgarlo levantándome por la cintura casi hasta sacársela y dejándome caer hasta quedar totalmente sentada y penetrada. Me hizo acariciar las tetitas y eso me excitó porque sentí mis pezones ponerse más duros, me hizo masturbar mientras me miraba sonriendo y yo empecé a convencerme que me iba a volver loca si seguía gozando tanto, pero la naturaleza hizo su trabajo nuevamente y el orgasmo me arrasó como el tornado Katrina. Cerré los ojos y caí sobre Santi jadeando con la boca muy abierta mientras me metía un dedo profundamente dentro del culo. Sollocé apretada a él pensando que lo que estaba sintiendo era sobrenatural, que estaba soñando y que de pronto me iba a despertar en mi camita para descubrir que me había masturbado dormida, pero estaba despierta, muy despierta y Santi me acariciaba y besaba y me decía que me amaba. Cuando me calmé me la sacó y me acostó a su lado, yo se la agarré, estaba durísima como había estado el sábado y tuve miedo que no se le volviese a bajar pero Santi ya me volteaba y me ponía boca abajo y se levantaba, lo vi caminar hacia el baño con la poronga balanceándose y enseguida volver con un frasco en la mano para anunciarme que era acondicionador para el pelo, como el que habíamos usado en el hotel y que me iba a hacer la cola, fue la mejor parte de la tarde. Yo me puse en la misma pose del sábado, imitando a Km Basinger, piernas muy abiertas y talones hacía atrás, casi sobre mi culo y apoyada en los codos con las tetas colgando como si fuese a leer, Santi se volvió loco y me separó las nalgas y me pegó una chupada de culo para el Guinnes y cuando lo tuve bien dilatado se arrodilló y se lubricó la pija cuidadosamente. Me entró como un balazo y apenas me dio tiempo de sobresaltarme cuando ya estaba echado encima mío y bombeaba mi culo teniéndome agarrada de los hombros. Fue una acabada gloriosa y estaba vez simultánea, el culo me latía al ritmo de la eyaculación de Santi y en la concha sentía fuertes pulsaciones, su aliento caliente acariciaba mi cuello y la saliva lo mojaba. Después me besó, lamió mi oreja y la mordisqueo suavecito mientras repetía: Kim, Kim, mi amor, mi vida, te quiero chiquita dulce, te quiero con toda mi alma, yo gemía emocionada por ese amor que sentía en todo mi cuerpo y del que no podía dudar porque yo también lo amo desesperadamente. Cuando volvió tía Santi y yo ya nos habíamos bañado juntos y estábamos sentaditos simulando leer un libro como dos chicos buenos y le encantó encontrarnos tan compañeros y amistosos, “me encanta que los primos se lleven tan bien”, comentó y agregó: “Ay Santi, ojalá algún día encuentres una novia tan linda y tan dulce como Kim...” Nos miramos sonriendo y Santi me guiñó un ojo imperceptiblemente.

 


 

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