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| Mi padre y yo |
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| Desde que supe que era gay me interesé en mi padre. Él y yo siempre tuvimos una relación muy estrecha, eras buenos amigos, y de mis padres era el bueno pues mi mamá se encargaba de castigarme y él de consolarme. Pero lo que me interesaba de él era su físico. De 43 años, Francisco, mi padre se cuidaba mucho, iba frecuentemente al gimnasio y de vez en cuando montaba bicicleta los domingos. Cuando cumplí 18, ya sabía que era gay, pero aún no había tenido ninguna experiencia con otro hombre, aunque chateaba con algunos por Messenger. Yo practiqué fútbol desde los 15 años así que para este entonces ya, en mi cuerpo, se veían los frutos del entrenamiento. Pero como entraba a la U tenía que dejar de practicar así que mi papá me ofreció que lo acompañara a su rutina del gimnasio. Lo que me pareció extraño fue la forma en que me lo ofreció, estábamos en la finca de mi tío Iván y estábamos él y yo en el jacuzzi. -Hijo, ahora que no podrás ir más a tus prácticas de fútbol ¿no te gustaría ir conmigo al gimnasio? – se acercó a mí -Pues no sé, creo que tendré mucha carga académica – -Hijo, tienes un cuerpo muy bien formado, lindos pectorales – me sentí incomodo – y debes cuidarte, mira que a mí me gusta verte así – A pesar de decirme que le parecía lindo, lo vi como una expresión paternal. Sin embargo… Dos semanas después ya había empezado a ir al gym con mi papá. Debo admitir que fue una decisión correcta pues me encantaba verlo después de la rutina, todo sudado, sobre todo en su espalda. Y lo mejor era cuando íbamos a las duchas, mi papá se mostró totalmente desinhibido conmigo y se desnudaba sin problema aunque yo estuviera presente. Lo cual me ponía al cien, tenía una polla de unos 19 cm., y gruesa muy gruesa como me gustan. Como me ponía tan dura no lo dejaba verme desnudo pues me arriesgaba a que él se enterara de mi secreto, entonces lo esperaba y luego me duchaba, además me gustaba verlo salir de la ducha, mojado, con gotas de agua escurriéndose por sus firmes pectorales, sus tetillas se ponían duras por el frió; sus duras, grandes y rosadas tetillas objeto de mi deseo nocturno. Una vez fuimos el domingo al gimnasio y como era un fin de semana festivo estaba casi vacío. Hicimos la rutina juntos. Cuando estábamos haciendo abdominales mi papá se ofreció a ayudarme con ellos, se arrodilló encima de mis piernas y con sus manos apretó fuerte mis muslos. Me incomodó un poco la verdad pero seguimos así hasta terminar. Ya en el vestidor se quitó la camisa y la sudadera, me encantó ver su velludo torso otra vez. -Hijo, ¿por qué nunca te desnudas delante de mí? Yo soy tu padre y ya te he visto. O ¿te avergüenzas? Porque de ser así no tienes por que, tienes un buen cuerpo - Se acercó a mi que estaba sentado en una banca secándome y puso su mano sobre mis muslos – mira no más, si eres un joven muy bello.
Mi bulto se había hecho ya grande desde que lo vi desnudarse. Se sentó junto a mí y paso su mano sobre mi hombro. Hijo, quiero contarte algo. Hace un mes más o menos navegaba en Internet y casualmente se abrió tu Messenger, un amigo tuyo te saludó y lo hizo de una forma muy peculiar. ¿Eres gay?
Toda la emoción de haberlo visto semidesnudo se vino abajo, el cielo se derrumbaba y deseaba que me tragara la tierra. Le juré que no era así, y que tal vez era un amigo de la prep. Que me jugaba una broma. -No te preocupes, no te estoy juzgando – se levantó y me hizo hacerlo también, me abrazó… de una forma muy anormal pues apretó justo debajo de la cadera y sus manos no las puso sobre mi hombro sino en mis caderas. – Ves, yo solo te quiero apoyar hijo, dime ¿como te gustan los hombres? Jóvenes o como tu viejo. Me quedé estupefacto, o era muy comprensivo o tramaba algo. NO sabía que contestar, tartamudeaba y me separé un poco de su abrazo. - Yo creo saber como te gustan, hijo jamás fantaseaste conmigo. Como el día que se te puso dura cuando me viste salir de la ducha. O cuando te vi oliendo mis boxers en casa. Si yo se que tipo de hombres te gustan, solo que no estaba muy seguro de ello. Me tomo del mentón y se me acercó lentamente y me dio un pico en la boca, luego me miró y yo ya había tomado mi decisión, quería hacerlo con mi padre. Esta vez me acerqué yo a él pero cuando nuestros labios se rozaron abrí mi boca para que introdujera su lengua en ella, nos besamos apasionadamente. Pero me dijo que era peligroso hacerlo allí pues nos podrían perseguir. Así que me llevó a un motel. Me sentí nervioso de ir a un sitio de esos, pero mi padre me llevó a uno bueno, y pidió la habitación más cara. Apenas cerramos la puerta del motel me empujo contra la pared y me besó, me besó tan apasionadamente, metía su lengua hasta el fondo, mordía de vez en cuando mis labios. Posé mis manos en su culo, redondo y firme me puso al cien. Me quitó la camisa y empezó a lamer todo mi pecho, mis tetillas, mis axilas. Poco a poco me llevó a la cama, ahí le quite la camisa, me acosté sobre él y disfrute de sus rosadas tetillas, de su velludo cuerpo. Me baje mi pantalonera y el su sudadera, quedamos en boxers. Él con unos blancos y yo con un slip negro, se veía su marcado bulto en ese sexy interior, se veía grande y quise probarlo. Primero lamí sus bolas por encima del bóxer, se la bajé y vi su enorme verga, roja y gigante esperando por mí. La metía hasta bien adentro de mi boca, saboreaba su ingle, sus velludas y grandes bolas. Luego me propuso hacer el 69. O si que sabía mamar, sabía exactamente donde poner su lengua, donde sus labios para que los dientes no lastimaran, sabía acariciar mi órgano.
No pude hablar pues tenía bien adentro su verga a lo que respondí con un gemido que interpretó como un si. Tomó mi culito y lo empezó a lamer como un experto. Metió su lengua por el hoyo y parecía disfrutarlo. Luego sentí la cabeza de su pene en mi culo la meneaba por todas mis nalgas hasta encontrar el agujero y empezó a introducirla lentamente, tierno como un padre con su hijo. A medida que la introducía me dolía sentía que me partía en dos, pero el placer de tener algo duro y calientito me excitaba tanto que resistí, al cabo de unos minutos mi culo ya se había acostumbrado al buen aparato de mi padre y ahí empezó a hacer movimientos de vaivén. Estaba boca abajo en la cama de la habitación y mi padre saltaba encima de mí, ambos gemíamos de placer y nos complacíamos padre e hijo follando. -Hijo creo que me voy a venir -Pues vente dentro de mí Y así sentí la leche caliente dentro de mi culo, y me sentí de explotar, me sentí realizado. Sacó su verga pero se quedó encima de mí. Cansado por el ejercicio y yo por mi culo adolorido. -Aun no terminamos, faltas tú por venirte precioso. Y así lamió mi verga por unos 5 minutos más y me vine, me vine dentro de su boca, tal vez como agradecimiento por haberlo dejado venirse en mi culo, lamía todas las gotitas que salían de mi pene y que se escurrían por él. Que satisfacción sentí ese día.
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