| Después del sábado
de Creamfields, en el que tuve mi primera experiencia lésbica,
y luego me acosté con mi primo Santi, mi vida cambió radicalmente
estaba enamorada de mi primo y él de mi y volvimos a hacer el amor
el miércoles siguiente. El fin de semana siguiente mis papis tenían
un casamiento de unos amigos en la ciudad de Tandil, a cuatrocientos kilómetros
de Buenos Aires, y yo me quedé en la casa de mi tía Paloma,
la hermana de mamá para mi gran alegría. Me dejaron el sábado
a eso de las ocho de la mañana y tía estaba contentísima
de tenerme todo un fin de semana con ella, la pobre tiene tres hijos varones
y el deseo más grande su vida fue tener una nena, pero no tuvo
suerte. Yo estaba eufórica porque iba a poder volver a acostarme
con mi primo adorado y me preparé para un fin de semana a puro
sexo. Al llegar la única despierta en la casa era tía, los
chicos estaban durmiendo todavía y mi tío se había
ido al Club a jugar al Tenis así que me hizo desayunar con ella
y luego me propuso acompañarla de compras mientras mis primos se
despertaban. Tía estaba tan contenta que hablaba todo el tiempo
y, cuando alguien en el supermercado la felicitó por su linda hija,
pensé que iba a explotar de alegría, pobre tía debió
tener una hija. Cuando volvimos, y acomodábamos las compras en
la cocina, aparecieron Facundo y Gonzalo en pijamas y con caras de dormidos
a desayunar.
-¿Kacé Kim?, ¿Ko te va? dijo Facu en su extraño
lenguaje, quiso decir: ¿Qué hacés Kim?, ¿Cómo
te va?
-Hola pendeja, saludó Gonza, siempre tan fino él, y me despeino.
Pero al que yo quería ver era a mi amor: Santi, que bajó
un poco después también en pijama y despeinado con ese mechón
rubio sobre la frente que me lo como todo. Me saludó con una sonrisa
que iluminó la cocina y me dio un beso y yo casi me hago pis y
me dijo:
-Hola Kim, me dijo mamá que vas a pasar el fin de semana con nosotros,
que suerte...
Me alegré de haberme vestido tan seductora con mi pantaloncito
corto color arena, mis zapatillas y mi remerita blanca, estaba divina
y Santi lo demostró en su mirada. Tía les preparó
el desayuno y los dos gorilas mayores tragaron sin hablar mientras Santi
me hacía preguntas y arreglaba con tía que durmiese en su
habitación, que el se acomodaría en la habitación
de los hermanos. Después del desayuno Santi llevó mi bolso
a su habitación y lo seguí con el corazón latiendo
como un tambor y al entrar me abrazó y nos besamos ardientemente,
sentí que mi conchita se chorreaba pero afortunadamente me había
puesto una toallita para no manchar la bombacha, me di cuenta que debajo
del pijama Santi estaba desnudo y le acaricié la pija.
-Esta noche te parto al medio, me anunció y yo sentí que
se me escapaba otro chorrito.
Luego ayudé a tía a preparar la comida y hablamos hasta
por los codos, para tía tenerme para ella todo un fin de semana
era una alegría inmensa y yo la compartía pensando en la
noche que iba a tener con mi amor. Luego del almuerzo nos fuimos todos
a la pileta del Club a pasar la tarde y, al volver y luego de cambiarnos
y que yo me pusiese un vestidito floreado que me compró mamá
y que estaba relindo, nos ocupamos con tía de poner la mesa en
el jardín al lado de la parrilla y después nos ocupamos
de las ensaladas, tía cantaba todo el tiempo y yo también
estaba contentísima. Santi nos ayudaba mientas Facu y Gonza estaban
tirados en el living escuchando música, era una noche preciosa
para comer al aire libre y el asado estuvo riquísimo. Después
de la comida Facu y Gonza se prepararon para salir y nos propusieron a
Santi y a mi ir con ellos a bolichear a San Isidro pero tía se
opuso terminantemente porque mi mamá no había dicho nada
de salir a bailar y ella no estaba autorizada a hacerlo, entonces Santi,
solidario, dijo: “Entonces yo también me quedo”, es
amoroso mi amor. Los chicos se fueron y nos fuimos al living a ver películas,
tía me hizo sentar a su lado y me abrazó y yo apoyé
la cabeza contra su pecho mientras me acariciaba y a veces me daba besitos
en la frente, Santi se sentó en un sillón a nuestra izquierda
y tío en otro a la derecha. De vez en cuando levantaba la cabeza
y nos mirábamos con tía y sonreíamos, me sentía
maravillosamente bien y pensaba en el resto de la noche cuando estuviese
a solas con Santi. En un momento tuve una ocurrencia y dije:
-Tía, ¿ustedes no van a tener más nenes?
- No mi amor, contestó ante la mirada desorbitada de Santi y la
sorpresa de tío. Ya somos grandes para tener más nenes,
¿por qué me preguntás eso?
- Porque me gustaría tener una primita, contesté con cara
de inocente.
- ¡Qué dulce! ¿Y por qué no una hermanita en
lugar de una primita? Preguntó.
- Porque me gustaría que vos tuvieses una nena tía...
Tía sollozó conmovida y me apretó muy fuerte contra
ella.
- ¡Que dulce e inocente sos mi vida!
Santi me miraba sin entender a donde iba a parar y tío miró
a tía con muchísima ternura, mi plan progresaba, pensé.
Pero todavía debía dar el golpe definitivo.
- Tía, ¿es lindo tener un bebé en la panza? Pregunté
con mi mejor cara de niñita ingenua.
A tío se le desorbitaron los ojos y a Santi la mandíbula
se le cayó casi hasta el piso y tía, toda emocionada dijo:
- ¡Es lo más hermoso que le pasa a una mujer en su vida!
Sentir a tu hijo crecer, moverse, ya vas a verlo por vos misma cuando
crezcas y te cases...
La miré a los ojos que brillan de emoción y puse mi mano
en su panza y tía puso la suya encima y me abrazó tan fuerte
que casi me quita la respiración. A tío los ojos le brillaban
también y se le notaban las ganas de abrazar a tía, el objetivo
estaba logrado.
Por un rato se hizo un silencio mientras nadie prestaba ya atención
a la película, entonces tío tomó una decisión:
- Creo que me voy a acostar, Paloma ¿venís conmigo? Dijo
con la clara intención de amar a su mujer hasta caer rendidos.
Tía dijo que si, que tenía sueño pero a mi no me
engañaba ninguno de los dos. Nos dieron un beso cada uno y se fueron
abrazados hacia la escalera que subía a los dormitorios, apenas
subieron Santi preguntó:
-¿Qué mierda fue esa historia de los bebés? ¡Ay
los hombres!, que poco sutiles que son...
- Mi amor, ¿no te diste cuenta que lo que estaba haciendo era calentarlos
para que se vayan a coger y no se preocupen de nosotros?
Santi cayó, y solamente musitó:
- ¡Pero que hija de puta!
Les recuerdo que la puteada es también un elogio en la Argentina.
Santi se acercó y se sentó en el lugar que dejó tía
y puso una mano en mi hombro y me acostó en el sillón, la
otra mano subió por debajo de mi vestidito y acarició mi
conchita haciéndome gemir, me miraba a los ojos y me acariciaba
haciéndome desearlo perversamente. Ya estaba mojadísima
cuando me empezó a sacar la bombacha, la sentí húmeda
al bajar por mis piernas, luego Santi me las separó y mi pierna
izquierda cayó del sillón quedando mi conchita, que brillaba
de tan mojada, a su entera disposición y me la chupó. Me
la chupó separando los labios con los pulgares para llegar a mi
interior, tirando hacia arriba de ellos para descubrir el clítoris,
masajeándola, masturbándola, mientras la lengua la recorría
de abajo hacia arriba o de lado a lado horizontalmente volviéndome
loca pero Santi aún no había terminado la etapa oral. Sentí
la punta de un dedo penetrarme el culo, solo la punta, mientras la yema
del pulgar se ensañaba con mi clítoris antes de penetrarme
apenas con la punta y así, levemente penetrada por el culo y la
concha Santi consiguió hacerme perder la razón mientras
los orgasmos me sacudían como nunca había sentido antes.
Cuando mi cuerpo me abandonó y yo no quería otra cosa que
ser únicamente de él, de mi hombre, Santi me sentó
y me quitó el vestidito y el corpiño y me acostó
en el suelo, entre el sillón y la mesa ratona que estaba frente
a él, allí me poseyó ahogando mi grito con su boca.
Me cogió muy lentamente, gozándome, susurrando palabras
dulces en mi oído, haciéndome sentirlo en toda su virilidad
aferrada a sus nalgas, separándolas para buscar la profundidad
de su orificio anal para penetrarlo y gozarlo por completo hasta que un
nuevo orgasmo, éste como un terremoto, se desplomó sobre
mi cuerpito inerte. Lo antecedió un torrente de lava ardiente que
brotaba de su pene que como un volcán en erupción estallaba
dentro mío. Perdí la noción del tiempo, no se cuanto
más estuvimos unidos jadeando y apretándonos, después
nos alcanzó el cansancio y los pequeños besos reemplazaron
las palabras y las caricias suplantaron las manos febriles que apretaban
y los cuerpos relajados nos dejaron de pertenecer y dormitamos unidos
hasta que finalmente nos separamos. Santi me abrazó y así,
acurrucados entre el sillón y la mesa me dijo que me amaba y yo
le dije que no iba a ser de otro hombre más que de él, que
era suya para siempre y el fuego comenzó a encenderse nuevamente.
La mesa ratona era una tentación irresistible y allí terminé
boca abajo con mis rodillas apoyadas en la alfombra y mis tetitas apoyadas
contra el vidrio frío, me estremecí pero no por el frío
sino porque me di cuenta que estaba vez iba a ser sin lubricación
y tuve miedo pero Santi me calmó diciéndome que iba a usar
saliva, que no me asuste, pero me dolió. Pero no se si fue por
eso que también fue la vez que más me gustó, era
un dolor punzante e intenso pero gozaba como loca y me babeaba sobre el
vidrio y me mojaba la cara al moverme al ritmo de los impulsos de Santi.
Empecé a lamer mi propia saliva, me excitaba hacerlo y cuando las
manos que me sujetaban por la cintura empezaron a apretar me di cuenta
que Santi se venía y me empezó a doler más y pensé
que se me rajaba y cuando acabó apenas pude contener el grito pero
el placer era tan intenso que el dolor no me importaba y quería
que ese goce no terminase nunca. Santi se echó sobre mi espalda
y jadeó en mi cuello y me lamía y me besaba y la pija no
dejaba de latirle y nos quedamos quietos hasta que se le ablandó
y me la sacó, entonces se sentó en el sillón y me
sentó sobre sus rodillas y nos comimos a besos hasta que me dijo
que sigamos en la cama. Tomamos nuestra ropa caída y subimos desnudos
abrazados hasta el dormitorio pero al pasar por la puerta del dormitorio
de los tíos escuchamos jadeos y palabras entrecortadas, todavía
estaban cogiendo. Nos pegamos a la puerta para escuchar, el gemido de
tía me puso la piel de gallina y la conchita me empezó a
latir, gemía y sollozaba y decía: “mi amor, mi amor”
y tío jadeaba y se escuchaba el ruido de besos. Santi me puso una
mano entre las piernas y las apreté para sentirla, me apoyó
contra la puerta y abrí las piernas para recibirlo, ya me abrazaba
y me besaba. Por suerte me besaba cuando me entró porque hubiese
sido capaz de gritar, me empezó a coger despacito intentando no
hacer ningún ruido, los gemidos de tía se incrementaban
y ya parecía una gata en celo: Aiaaá, aiaaá. El jadeo
de tío se transformaba en un rugido: ¡Ahhh!, ¡ahhh!
Y empecé a perder la cabeza pero por suerte Santi se dio cuenta
y me tapó la boca con la mano para que no grite, escuchar que del
otro lado de la puerta mis tíos estaban cogiendo me volvía
loca y a Santi también. Nos fuimos los cuatro juntos y el disparador
fueron los gritos de tía: ¡Aiaaá!, ¡Aiaaaaaá!!,
¡Aiaaaaaaaaá! Y los jadeos de tío al acabar: ¡Ahhhhh!,
¡Hummmm!, ¡Ahhhhh! Los envidié con toda mi alma, ellos
podían gritar. Santi había hundido la cara en mi cuello
para sofocar sus jadeos y sentía su aliento muy caliente y su pija
estremecerse en latidos fuertísimos, fue una acabada memorable,
creo que ninguno de los dos la vamos a olvidar jamás. Nos quedamos
un rato apoyados contra la puerta tratando de calmarnos y escuchamos los:
“mi amor, mi amor” y los “fue increíble mi vida”,
“como nunca” de tía y los: “mi cielo”,
“mi palomita”, “ángel mío” de tío.
Cuando Santi me la sacó el semen de derramo como un torrente por
mis muslos, me gustaba sentirlo correr hasta mis tobillos, era excitante.
Tomamos la ropa del suelo y fuimos al dormitorio todavía con el
corazón galopando y nos lavamos para no manchar la cama al acostarnos,
de todos modos Santi ya no podía manchar nada más esa noche
así que nos abrazamos y nos comimos a besitos y nos hicimos muchísimos
mimitos dulces, pero yo tenía un antojo y me animé a pedirlo.
- Santi, vos una vez me pediste un favor muy, muy grande, ¿te acordás?
Y yo te lo hice. Me miró extrañado esperando el pedido.
- Bueno, yo también te quiero pedir un favorcito pero chiquito,
¿Me dejás darte un besito en la cola?
Santi se rió aliviado pero preguntó:
- ¿Y por qué querés darme un besito en la cola?
- Tengo ganas y además debe ser muy lindo porque a vos te encanta
darme besitos a mi.
Mi lógica era inapelable pero de todas maneras Santi aún
tenía un argumento, machista pero argumento al fin.
- Pero vos sos mujer y a las mujeres es lindo besarles la cola pero a
los hombres es distinto.
- Sos un tonto machista y malo que no me querés...
Puse cara de enojada e hice algunos pucheros y Santi aceptó resignadamente,
“para no verte enojada, pero no por que me guste eh” y se
puso boca abajo. Me arrodillé entre sus piernas y separé
sus cachetes con mis manos, se me hizo agua la boca. Me acerqué
lentamente al objetivo con la boca entreabierta y lo toqué con
la punta de la lengua, Santi se estremeció y empecé a chupar
ese culito delicioso, lo empapé con mi saliva y lo lamí
saboreándolo, Santi tenía los ojos abiertos mirando a un
costado, tenso, no disfrutaba como yo de esa maravillosa chupada, pero
me cebé y ahora quería más:
- Amorcito, separate los cachetes y tenelos abiertitos para mi, pero no
los sueltes cielo, ¿si?
Llevó las manos hacia atrás para complacerme y me arrodillé
para contemplar ese culito ahora abierto y empapado con mi saliva. Me
eché sobre él y comencé a frotarle mi conchita frenéticamente
era divino cogerse así a mi amorcito pero a él no le gustaba
demasiado que le hiciesen el culo aunque fuese su novia y soltó
los cachetes.
- No cielo, no los sueltes, supliqué jadeando. Se buenito amorcito,
un poquito más nada más.
Santi volvió a separarse los cachetes, mi amor cómo lo quiero,
y yo me apuré para aliviar su tortura pero además porque
sentía que ya me venía. Me fui con todo, jadeando y babeándome
en su cuello, mi conchita latiendo fuertísimo, ¡que delicia!
Mi amor me dejó acabar tranquila sin resistirse hasta que me fui
deslizando hacia un lado y quedé abrazada a él jadeante
y murmurando “te amo”, “te amo” todo el tiempo.
Se tocó el culo y comentó:
- Me mojaste todo...
Me reí.
- Claro tontito, ¿te gustó?
- No claro que no, es la primera vez que me hacen el culo, pero no me
gustó.
Me reía y me lo comía a besos, mi amorcito machista cómo
lo amo. Después nos abrazamos y me dormí entre sus bazos
agotada, mi cielo había cumplido su promesa de la mañana:
por adelante y por atrás me había partido al medio. Santi
se fue al dormitorio de los hermanos antes de que regresen pero antes
me hizo poner el camisón; también me puse una bombachita
limpia y vi que tenía la conchita muy inflamada y me ardía
un poco, también tenía puntadas en el culito, nunca más
sin cremita me dije y me dormí enseguida.
Me despertaron caricias en la mejilla y besitos en la frente, era tía
con la cara de felicidad más grande que le había visto jamás.
Me senté en la cama y le eché los brazos al cuello.
- ¡Mami!, le dije.
- No soy tu mami, amor, me respondió.
- Tiíta es como que lo seas, yo te quiero tanto, tanto... Acostate
un ratito conmigo como hace mamá, dale.
Tía se quitó la bata y se acostó y me apretó
contra su cuerpo, sus tetas son grandes y suavecitas y estaban tibias,
hundí la cara entre ellas. Tía tenia el olor en su piel
de la colonia de mi tío pero además tenía otro olor,
un olor que aprendí a descubrir en mi misma luego de coger, el
olor de hembra satisfecha. Dormité un ratito así apretada
contra tía, sintiendo contra mi pierna el bulto de su sexo peludo
mientras me acariciaba las nalguitas y me daba miles de besitos. Finalmente
nos levantamos y bajamos a desayunar las dos en camisón, tía
estaba eufórica y cantaba todo el tiempo mientras preparaba el
desayuno, ningún hombre se había levantado, tío y
Santi sabía que estaban agotados y de Facu y Gonza me imaginaba
que habrían estado cogiendo con sus novias también así
que la casa nos pertenecía a tía y a mi y no nos importaba
estar en camisón como madre e hija. Tía tenia los labios
muy hinchados y unas terrible ojeras y tuve miedo que se diese cuenta
que yo estaba igual pero estaba tan alegre por la maravillosa noche pasada
que no se daba cuenta de nada.
Mamá y papá llegaron a buscarme cerca de las ocho de la
noche y había tal clima de alegría en los dos matrimonios
que enseguida arreglaron que comiésemos juntos, tío propuso
hacer asado y papá y él se ocuparon mientras mamá
y tía, que primero se deshizo en elogios y alabanzas hacia mi “y
me tenés que prometer que va a venir otro fin de semana”,
se ocupaban del resto, Santi y yo estábamos en el living pero cuando
llegaron decidimos que lo mejor era separarnos un poquito para que no
nos vean siempre juntos y sospechen algo, así que se fue con los
hombres y yo con las mujeres. Cuando entré a la cocina mamá
y tía estaban sentadas tomando un café y mami le decía
a tía que había sido como otra luna de miel y que no habían
pegado un ojo en toda la noche y tía le contestaba que ellos tampoco
habían dormido y que ni cuando eran novios había sentido
algo igual, te juro que... Y se interrumpió cuando me vio. Me hice
la que no entendía de que hablaban pero sentí un poquito
de rabia por no ser considerada por ellas como otra mujer, a mi también
me hubiese gustado contarles que nosotros tampoco habíamos casi
dormido y que había sido como nunca.
Kimberley.
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